Zona vinícola

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Publicado el 31/08/2010

Arribes del Duero, una joven DOP situada en un enclave único

“Baja el Duero por tierra de Zamora, tendido en la llanada y espaciándose por ella, mas al ir a entrar en la provincia de Salamanca, dividiendo a ésta de Portugal, hacia donde le rinde el Tormes sus aguas, entre Fermoselle y Villarino, se mete en las entrañas de la meseta castellana para ir a entrar en tierra portuguesa. Resquebrájase la meseta en hondos desgarrones, mostrando al descubierto sus berroqueñas entrañas, pedernosos cimientos de la ceñuda tablada de Castilla.” Así describe el filósofo y escritor Miguel de Unamuno, enamorado de estos parajes, el ahora Parque Natural Arribes del Duero, en cuyo seno se ha desarrollado una zona vitivinícola de larga tradición que en el año 2007 fue reconocida como Denominación de Origen Arribes del Duero.

Pese a su juventud, la DOP Arribes del Duero es una de las más antiguas zonas de la península Ibérica en registrar actividad vitivinícola, remontándose ésta a la colonización romana, aunque según otras hipótesis, desde tiempos fenicios ya se podría haber introducido el cultivo de la vid en la región desde el puerto comercial de la actual Oporto. Situada en un enclave único caracterizado por la grandiosidad paisajística de los escarpados valles por donde discurre el Duero y sus afluentes, esta denominación abarca una estrecha franja de 140 Km. de largo en el suroeste de la provincia de Zamora y el noroeste de Salamanca, por donde el río Duero hace de frontera natural con Portugal. Bajo la marca de calidad Arribes del Duero se amparan 14 bodegas, ocho en Salamanca y seis en Zamora y un total de 44 municipios.

Lo que más llama la atención de esta zona vitivinícola es la majestuosidad de los cortados graníticos y los peñascos que forman el encajonamiento del río Duero y de sus afluentes: Águeda, Huebra, Tormes y las Ucles. En este paisaje los viñedos se cultivan tanto en bancales en los valles formados por estos ríos como en la penillanura, la estrecha franja de terreno paralela a los cursos fluviales. Los suelos son poco profundos, ácidos, con textura arenosa y presencia abundante de piedras de granito, pizarra y cuarzo. La pizarra que se encuentra en el subsuelo actúa como regulador térmico al acumular el calor durante el día y desprenderlo gradualmente durante la noche, lo que favorece la maduración de la uva.

Publicado el 03/08/2010

Una situación excepcional y el gusto por lo exquisito marcan el reconocimiento de Otazu como Vino de Pago

Otazu, la bodega navarra fundada hace algo más de dos décadas en el Señorío homónimo situado dentro de la zona de gran tradición vitivinícola de la Merindad de Pamplona, se ha convertido en los últimos años en un referente internacional en los vinos de calidad, tanto por la excelencia en todos los procesos conducentes a la elaboración del vino como por su privilegiada situación geográfica que determina un terroir singular. En este sentido, en el año 2009, Otazu entró a formar parte oficialmente de los nueve Vinos de Pago españoles, máxima categoría que reconoce los más altos estándares de calidad en la forma de aprovechar las condiciones agroclimáticas y la historia de una zona vitivinícola en la elaboración de los vinos.

La bodega Otazu se encuentra situada en un paraje privilegiado delimitado por las sierras del Perdón y de Echauri y el río Arga, la zona goza de una larga tradición vitivinícola que se remonta a los siglos XV y XVI, tal y como demuestran los utensilios y las prensas de la época encontrados que actualmente se conservan en el Señorío de Otazu. Asimismo, en el archivo de Navarra, en la parte dedicada a cocina y régimen alimentario de la corte de Carlos III el Noble (1411-1425) se hace una mención especial a los vinos de Eriete y Val de Echauri, donde se encuentra la actual finca de la bodega.

La parte antigua de la bodega data del año 1860, construida al estilo francés y con una capacidad en cubas de madera de roble para 200.000 litros supuso un gran avance para la vitivinicultura de la región aunque unos años después, la llegada de diversas enfermedades del viñedo, iniciaron un proceso de decadencia en su cultivo que continuó hasta nuestros días. De las 2.700 has. que se dedicaban al cultivo de la vid en el año 1890 en la Cuenca de Pamplona, en el año 1989 se habían reducido a tan solo una hectárea. En esta situación, ese mismo año la empresa Gabarbide S.A. se decidió a reconstruir la bodega antigua comprometida con la recuperación de la actividad vitivinícola en la zona y la elaboración de los vinos de calidad que han llevado a Otazu al más alto reconocimiento.

Publicado el 30/06/2010

La Palma, una denominación legendaria por sus Malvasías y su vino de Tea

La Palma es la isla más occidental del archipiélago canario. Una zona vinícola pequeña pero de larga tradición y de topografía accidentada con suelos volcánicos que los hacen especialmente dedicados para el cultivo de la viña. Una Denominación que, tras sufrir unos años de decadencia, ha ido remontando el vuelo desde que le fuera reconocido el marchamo en 1994. En gran medida gracias a dos tesoros que guarda con celo: el vino Malvasía Dulce y el de Tea, criado en pino canario.

La historia de esta zona vinícola se remonta a 1505, año en el que se plantaron las primeras cepas en esta isla, traídas por los conquistadores. La variada procedencia de éstos a lo largo de los años ha dado lugar a una riqueza varietal inigualable. En el siglo XVI la calidad del vino se impuso de tal manera en los palacios de las principales cortes europeas que nunca faltaba el Malvasía “que alegra los sentidos y perfuma la sangre”, según palabras del propio Shakespeare. Autores como Robert L. Stevenson, Walter Scott y Lord Byron también enaltecieron las cualidades de los vinos de esta zona. No obstante, durante el siglo XIX el declive de los vinos canarios es grave, en parte por el ataque de las plagas de oidio y mildium.

En el siglo XX, con el comienzo del cultivo de la platanera en las zonas costeras de la isla, a mediados de los años cincuenta, se abandona mucha viña, pero en los años 90, con la creación de la Denominación de Origen La Palma, en 1994, el sector vitivinícola insular sufre una importante transformación, se recuperan viñas abandonadas, se plantan nuevas y el vino comienza a conocerse dentro y fuera de la isla, llegando en 2010 a ser reconocido con varias medallas de oro en prestigiosos concursos internacionales como Vinalies de París, el Wine Master Challenge de Portugal o las Sélections Mondiales Des Vins de Canadá.

Publicado el 28/05/2010

La D.O. Plà de Bagés recupera su larga tradición vitivinícola

La comarca del Bagés, situada en el centro geográfico de Cataluña goza, a pesar de su reciente reconocimiento en el año 1995 como Denominación de Origen, de una extensa tradición en el cultivo y la elaboración de vinos. Un legado que, a diferencia de otras zonas de España, fue mantenido por los mismos agricultores y productores que en régimen de arrendamiento se beneficiaron durante cerca de mil años de las excelentes condiciones de la zona para la vinicultura. Después de varias décadas de abandono durante el siglo XX, en los años 80 un grupo de empresas del sector se esforzaron por recuperar toda esta tradición anterior adaptándola a los tiempos actuales con el objetivo de ofrecer al mercado vinos de calidad.

La D.O. Plà de Bagés abarca en la actualidad 550 hectáreas de viñedos, 26 municipios y diez bodegas de la zona y a pesar de su juventud, gracias a la extensa historia que la respalda y a la exclusividad de su variedad de uva autóctona, la Picapoll, tiene aún mucho que ofrecer y explorar en el campo de la producción vinícola de calidad.

La historia documentada de la comarca del Bagés data de principios de la Edad Media, cuando, en los alrededores de la abadía de Sant Benet de Bagés, se da cuenta de la intensa actividad vitícola de la zona. Durante esta época el sistema predominante era el arrendamiento de las tierras por parte de los agricultores; un tipo de contrato que estuvo vigente a lo largo de la Edad Media hasta desembocar, ya en la segunda mitad del siglo XVII, en la llamada rabassa morta, por la que el propietario cedía la plantación de la vid a un agricultor hasta la muerte de las cepas.

La vid y el vino fueron uno de los principales ejes de la economía de la comarca del Bagés hasta el siglo XIX cuando, gracias en parte a la llegada de la plaga de la filoxera a Francia y a la apertura de su mercado a los vinos catalanes, la vitivinicultura de la zona dio un salto espectacular. En 1890 la región disponía de 27.714 de hectáreas plantadas de viñedos y alcanzaba una producción de 460.000 hectolitros de vino.

Publicado el 30/04/2010

La D.O. Pla i Llevant de Mallorca basa su éxito en la unión de lo foráneo y lo autóctono

La Denominación de Origen Pla i Llevant, creada en el año 1999, está compuesta por 13 bodegas y 93 viticultores comprendiendo 17 municipios en las zonas Sur y Levante de la Isla de Mallorca, una región cuya tradición vitivinícola se remonta hasta la época romana. La mayor apuesta de los bodegueros de esta denominación ha sido tanto la combinación de las técnicas de producción tradicionales con métodos innovadores, como el ensamblaje entre las variedades de uva autóctonas y foráneas. Estas características han conseguido que, pese a la modesta producción de la D.O. Pla i Llevant, sus vinos hayan sido reconocidos por su calidad y variedad en numerosos certámenes internacionales.

La influencia del mar y el clima mediterráneo típico de esta región dan una personalidad propia a los vinos de Pla i Llevant – “llanura y costa del este de Mallorca” traducido del mallorquín – una zona que se beneficia a partes iguales de la larga tradición en la elaboración de vinos y cultivo de viñedos como de sus favorables condiciones agroclimáticas. En este sentido, la región se define por sus inviernos ligeramente fríos y los veranos secos y calurosos, con una temperatura media anual de 17º C. La pluviometría oscila entre los 400 y los 450 mms y los valores medios de irradiación solar superan las 2.800 horas al año.

Con respecto a las características geológicas de la zona predominan las rocas calcáreas (margas y dolomitas) que dan lugar a suelos arcillo-calcáreos y a unas tierras de tonalidades rojizas o blanquinosas con un pH ligeramente alcalino. Estas propiedades del suelo permiten un buen drenaje, lo que, unido a la presencia escasa de materia orgánica y la facilidad de penetración radicular, hace que el cultivo de las cepas se realice en condiciones muy buenas.

Los vinos elaborados bajo el sello de la D.O. Pla i Llevant son principalmente blancos, rosados y tintos, y cuyas cifras relativamente bajas de producción se entienden por la decidida apuesta de las bodegas de la zona por la calidad. Factor que también se nota en la variedad de caldos que se ofertan, desde vinos blancos jóvenes fermentados, rosados y tintos jóvenes y envejecidos en madera, hasta pequeñas cantidades de vinos espumosos y vinos dulces.

En concreto, cabe destacar los vinos blancos de uva Chardonnay, con aromas muy marcados de frutas tropicales y tonos lácteos que progresan hacia la vainilla con el envejecimiento. La frescura es la cualidad más sobresaliente de los vinos elaborados a partir de la variedad Premsal Blanc, autóctona de la zona, que consigue caldos con unos aromas primarios excelentes a naranja, anís y hierba cortada y una textura cremosa. Esta frescura también define a los blancos elaborados a partir de las variedades peninsulares Parellada y Macabeo y sobre todo a aquellos provenientes del ensamblaje entre los tres tipos de uva anteriores.

Publicado el 30/03/2010

Arabako Txakolina-Chacolí de Álava: la denominación más joven entre los txakolis vascos

El viñedo de txakoli está implantado en las tres provincias vascas, abarcando un total de 700 Has., de las que aproximadamente 350 corresponden a la D.O. Getaria, en Guipúzcoa, reconocida como Denominación de Origen en 1989; unas 300 Has. a Vizcaya, que obtuvo el marchamo de D.O. en 1994 y, finalmente, las 77 Has. de Álava, que consiguió el reconocimiento como denominación en 2001, con una producción de unas 330.000 botellas en 2010 que irán incrementándose en los próximos años.

Los primeros testimonios escritos encontrados muestran que ya en el siglo IX la producción de txakoli en Álava era prácticamente común y generalizada, particularmente en Amurrio, Llodio y Ayala. En los siglos XIII, XIV y XV la plantación de viñedo de txakolí se extendía por toda la geografía de la Comarca de Ayala. La primera aparición de la palabra chacolín se registra en los archivos municipales del País Vasco el 1 de noviembre de 1623. A lo largo de los siglos posteriores son muchas las referencias escritas realizadas del txakoli alavés. Por ejemplo, Benito Pérez Galdós en su novela Vergara de la serie Episodios Nacionales, hace referencia al txakoli de Amurrio en 1889.

No obstante, esta situación relevante cambió radicalmente a principios del siglo XX al producirse una regresión importantísima, a causa de diversas plagas, la industrialización, y los cambios en los gustos de los consumidores, que originó la desaparición casi completa de la vid, y por ende, de la producción de txakoli, a excepción del elaborado por los fundadores de la Asociación Alavesa de Productores Artesanos Arabako Txakolina Elkartea, fundada en 1988, génesis de la D.O. Arabako Txakolina- Chacolí de Álava, que se circunscribe geográficamente a la Comarca de Ayala, compuesta por cinco municipios: Aiara, Artziniega, Amurrio, Laudio y Okondo.

Esta área se sitúa en la zona septentrional de Álava, lindando al norte, sur y este con Vizcaya y con Burgos al oeste y sur, a cuyo clima atlántico se adaptan perfectamente las variedades autóctonas y principales de la denominación: Hondarribi Zuri y Hondarribi Beltza. Un suficiente tiempo de insolación y las moderadas lluvias hacen que la uva se recolecte con una graduación de unos 12º, siempre que se supere el temido riesgo de las heladas en primavera.

Así pues, desde 1989 esta zona volvió a vivir un renacimiento, protagonizado por una fase de plantaciones y replantaciones de viñas de la variedad Hondarribi Zuri, considerada la casta óptima por sus características organolépticas y por su adaptación a las condiciones medioambientales de la zona, y que supone el 80% del viñedo plantado, compaginándola con otras variedades minoritarias como la Petit Courbu, Gros Manseng o Petit Manseng. Simultáneamente se mejoran las técnicas culturales, se adopta la conducción del viñedo en espaldera, se adecuan los marcos de plantación y se establece un método de seguimiento sistemático de los procesos de maduración.

Publicado el 25/02/2010

La D.O. Calatayud y su Garnacha, valores en alza

La D.O. Calatayud fue creada en el año 1989. La superficie que ocupa se extiende sobre un terreno excepcional para el cultivo de la vid, en la provincia de Zaragoza. Sus vinos son el resultado de la perfecta interacción del microclima de la zona, la amplia gama de suelo y de una uva, la Garnacha Tinta, con una perfecta adaptación al terreno. Todo ello da lugar a vinos con una marcada personalidad del gusto de los paladares internacionales, ya que esta denominación exporta el 85% de su producción.

El cultivo de la vid en la zona se remonta al siglo II a. C., confirmado por el hallazgo de un lagar en el pueblo celtíbero de Segeda, de gran importancia en la guerra numantina, situado entre los términos municipales de Belmonte de Gracián y Mara. No obstante, la primera referencia escrita sobre la gran calidad de los vinos de la comarca se remonta al siglo I d.C. y su autor es Marco Valerio Marcial, historiador romano nacido en Bílbilis Augusta, una ciudad floreciente en su época y en cuyas cercanías los árabes fundaron la actual Calatayud.

Por tanto, los romanos desarrollaron la vid, los musulmanes la abandonaron y los cristianos volvieron a destacar su importancia durante la Reconquista como cultivo colonizador. A finales del siglo XII los monjes del Císter promovieron la plantación de la vid en esta zona y fundaron el Monasterio de Piedra. Habrá que esperar hasta el siglo XX para registrar otro impulso similar, ya que con la llegada de la filoxera a Francia los viñedos de esta zona se extendieron hasta superar las 44.000 hectáreas. En la década de los sesenta los viticultores se unen y crean cooperativas y posteriormente solicitaron la creación de esta Denominación de Origen que fue ratificada en 1989.

La D.O. Calatayud, en la que actualmente se encuentran inscritas 15 bodegas, se sitúa en la parte más occidental de la provincia de Zaragoza. Reúne a 46 municipios, que aglutinan un total de 3.965 hectáreas dedicadas al cultivo del viñedo. Se trata de una zona con una orografía complicada, situada en las estribaciones del Moncayo y caracterizada por una compleja red hidrográfica formada por diversos afluentes del río Ebro. Los viñedos se distribuyen en las laderas, con altitudes que oscilan entre los 550 y los 1.040 metros. Así pues se trata de ubicaciones con elevada pendiente lo cual favorece la aireación del viñedo pero hace muy difícil su mecanización, realizándose la mayoría de las labores de cultivo de forma manual y respetuosa con el medio ambiente.

El terreno es ondulante, asentándose la mayor parte del viñedo sobre suelos de pizarra roja y gris, pedregosos, arcillosos y calizos. Son suelos sueltos, muy pobres en nutrientes y de elevada proporción de caliza que presentan buena permeabilidad.

Publicado el 28/01/2010

Manzanilla, una denominación histórica que recupera su fama mundial

Hablar de la D.O. Manzanilla es hacerlo de Sanlúcar de Barrameda, la ciudad costera situada en la desembocadura del río Guadalquivir, y también es referirse al Marco de Jerez y a la D.O. Jerez-Xérès-Sherry, ya que comparte con ésta tanto la zona de producción como la tutela del mismo Consejo Regulador. Pero sobre todo, es hacerlo de la singularidad especial de la crianza bajo velo de flor y de una denominación histórica que exporta casi tres cuartas partes de su producción y cuyos vinos están recuperando fama entre los consumidores, sobre todo jóvenes, de los países extranjeros.

Así pues, aunque tanto la uva utilizada como los procedimientos de elaboración son similares a los del Jerez, ambos utilizan la crianza bajo velo de flor para sus vinos, el especial microclima de la localidad de Sanlúcar confiere a estos vinos una personalidad singular y determina las especiales características organolépticas de los vinos de crianza biológica que se crían en sus bodegas. Tres son los agentes que condicionan este clima tan especial: el río Guadalquivir, que representa el límite natural por el norte de Sanlúcar, el Océano Atlántico, donde aquél vierte sus aguas y que bordea la ciudad por el oeste; y la marisma, esa gran extensión de llanura sobre el antiguo delta que presenta una ausencia total de relieve. Los tres agentes propician unas temperaturas más suaves y una humedad relativa más alta que las imperantes en el resto de la zona de producción del Marco de Jerez.

En cuanto a su historia, se sabe que tanto en Sanlúcar como en el resto del Marco de Jerez se producían vinos ya desde siglos antes de Cristo y que con ellos han comercializado todas las antiguas civilizaciones mediterráneas, manteniéndose el comercio en la época visigoda e incluso durante el periodo de dominación musulmana. No obstante, no se tiene constancia sin embargo de la fecha exacta en la que por primera vez los británicos embarcaron Jerez o Manzanilla desde esta región, aunque es bien conocido el hecho de que a finales del siglo XV había un nutrido grupo de comerciantes ingleses establecidos en Sanlúcar, encargados de embarcar vino desde su puerto con destino a Reino Unido. Y tras el descubrimiento fue enviado sin interrupción a América, alcanzando su gran afianzamiento a partir del siglo XVIII.

Tampoco se tienen referencias exactas del paso de aquellos vinos primitivos, milenarios, producidos en la región a partir de diversas variedades de uva, hasta lo que conocemos hoy como Manzanilla. En esa oscura evolución a través de los tiempos, aparecen datos aislados, como la introducción por parte de los árabes del hábito de encabezar los vinos con alcohol para fijarlos y garantizar su estabilidad durante el transporte o el surgimiento espontáneo del sistema de criaderas y soleras mediante el que madura la Manzanilla, cuando los vinos de una cosecha se hubieron de mezclar con los de la anterior que no se habían vendido.

Desde 1933, la Manzanilla se comercializó bajo la Denominación de Origen Jerez-Xérès-Sherry. Sin embargo, en 1964 se modificó el reglamento de dicha denominación creándose la Denominación de Origen Manzanilla-Sanlúcar de Barrameda, reconociéndose oficialmente el carácter especial de la misma y quedando ambas denominaciones amparadas por un mismo Consejo Regulador, junto al Vinagre de Jerez.

El Reglamento de la D.O. Manzanilla-Sanlúcar de Barrameda define este vino, elaborado a partir de la variedad blanca Palomino, como generoso de color pajizo a dorado, de aroma punzante característico, ligero al paladar, seco y poco ácido, con un grado alcohólico volumétrico adquirido entre 15% y 19% vol.

Publicado el 22/12/2009

Penedés: innovación y tradición en busca de la variedad y calidad

Entre las provincias de Barcelona y Tarragona se encuentra la D.O. Penedés, la zona vitivinícola más productiva de Cataluña. Se trata de una zona con una producción anual que ronda los 240 millones de kilos de uva en la que, desde principios de los años ochenta, ha habido una rápida implantación de nuevas tecnologías de vinificación que, unidas al largo bagaje de tradición vinícola de la zona, han conseguido sacar al mercado unos vinos variados y de alta calidad. De hecho, el 26% del vino embotellado se comercializa fuera de España, siendo su principal cliente Alemania.

La D.O. Penedés aglutina a un total de 63 municipios de las comarcas del Alto y Bajo Penedés, el Garraf y parte del Bajo Llobregat y algunas localidades de la Anoia, Alt Camp y el Tarragonés. Se trata de la región vinícola catalana por antonomasia como demuestra el dato de que la mitad de bodegas de Cataluña, sin contar las que sólo producen cava, están amparadas por esta denominación.

La zona mayor se concentra en la llanura, donde se encuentra la capital de la comarca: Vilafranca del Penedés. En el norte encontramos la sierra prelitoral, con cumbres que alcanzan los 900 metros de altitud y que forman una pared para frenar los vientos fríos del norte. Mientras que al sur la sierra litoral cuenta con una altitud de 500 metros y linda con el mar. La montaña majestuosa de Montserrat cierra esta área por el nordeste, en el levante hace lo propio el río Llobregat y el Gaia, a poniente. Además, dos arcos históricos complementan las fronteras naturales: el Puente del Diablo, sobre el río Llobregat, y el Arco de Bara, influencia de la cultura romana y su legado del vino, a poniente.

El clima se caracteriza por inviernos suaves y veranos calurosos con una temperatura media anual de 13ºC. Las máximas extremas alcanzan los 35ºC. en la llanura y las mínimas invernales habitualmente se sitúan por debajo de 0ºC. en la montaña. La mayor parte de las lluvias se concentran en el otoño seguido de la primavera, aunque en invierno y en primavera hay tormentas puntuales. La media anual es de aproximadamente 500 litros por metro cuadrado en la llanura y de 800 litros en la sierra prelitoral. La tierra tiene una buena capacidad de retención y una adecuada permeabilidad. El terreno generalmente es pobre en materia orgánica pero es arcilloso en la llanura y calcáreo en la montaña.

Publicado el 26/11/2009

D.O. Arlanza, juventud y efervescencia en Castilla y León

Arlanza obtuvo el marchamo de Denominación de Origen en 2007. En algo más de dos años esta zona, ubicada en el centro de la provincia de Burgos y en la parte sur oriental de Palencia, en Castilla y León, ha conseguido que sus vinos vayan siendo conocidos y distinguidos por los críticos y el consumidor, tanto nacional como extranjero. De hecho, hasta julio de este año consiguieron que sus exportaciones aumentaran un 106% frente a los datos de 2008, hasta los casi 19.000 litros de vino. Su mejor arma: una Tempranillo de calidad que representa el 95% del total plantado.

La tradición vitícola en la comarca de la Ribera del Arlanza se remonta al siglo VII, época de la que se conservan reseñas históricas. No obstante, se trata de una zona afectada durante el siglo XX por la filoxera, que obligó al arranque de la totalidad del viñedo existente y a su replantación, completándose la reestructuración en el año 1920. Hasta la mitad del siglo pasado el viñedo fue parte importante de todas las explotaciones existentes en la comarca. Aunque desde entonces tuvo un gran enemigo: el éxodo rural.

Esta falta de mano de obra, unida a la estructura de los viñedos que en su mayoría estaba formada por parcelas muy pequeñas, que imposibilitaban la utilización de maquinaria, y el cultivo de variedades dispares y poco adaptadas, etc. obligó al abandono paulatino de los mismos. El renacimiento de la zona tendría lugar en la década de los 90, cuando un grupo de viticultores y bodegueros comenzó a realizar los trámites para el reconocimiento por parte de la Administración de un sello de calidad que defendiese los vinos obtenidos, consiguiendo el marchamo de Denominación de Origen en 2007.

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