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04/05/2012
Las uvas encuentran en Somontano unas condiciones excepcionales: plantadas en alturas entre los 350 y 750 metros sobre el nivel del mar, cuentan con contrastes térmicos acusados y un clima privilegiado, a mitad de camino entre el Atlántico y el Mediterráneo, y con la poderosa influencia de los Pirineos. El resultado son unos vinos tintos con carácter propio, afrutados y con muy buena graduación y acidez. Los rosados son de brillante color, aroma delicado y sabor suave. Y los blancos destacan por su frutosidad y frescura, y por sus delicados aromas varietales. No hay duda de que la Denominación de Origen Somontano ha sabido ganarse en treinta años una excelente reputación.
Si bien todas las bodegas incluidas en la Ruta ofrecen al visitante numerosas actividades de todo tipo, algunas destacan por su singularidad. La familia Otto Bestué viene dedicándose a la viticultura desde 1640, y en su bodega se respiran aires de otros tiempos. En contraste, Enate es una bodega moderna, con una arquitectura funcional en la que las únicas líneas curvas son las de las barricas, y donde la luz invade todas las instalaciones. Viñas del Vero se ubica en una antigua hacienda típicamente aragonesa en la que se desarrollan todo tipo de actividades relacionadas con el mundo del vino; pero su joya más preciada es la Bodega Blecua, una hermosa casa del siglo XIX con vestigios del siglo XI, en la que se elabora su vino estrella, que envejece en una sala de barricas sorprendente.
Bodega Pirineos ofrece al turista la posibilidad de realizar el recorrido completo del proceso de elaboración, desde que entra la uva hasta la degustación del vino, en visitas guiadas. En la misma línea, Bodegas Sers permite al visitante una inmersión total en las labores de campo y bodega. Y en Bodegas Lalanne, originaria de Burdeos, se puede visitar un completo museo de antiguos utensilios, herramientas y maquinaria agrícola.
La joya arquitectónica de la zona, en lo que a bodegas se refiere, es sin duda Irius. El edificio destaca por sus singulares formas —que se integran perfectamente en el entorno—, por su diseño bioclimático y por la ausencia de estaciones de bombeo.
De vuelta a la Ruta, es importante recordar que el turismo del vino no consiste únicamente en visitar bodegas. Sin una importante cultura del vino no habría ruta; y si bien las bodegas y sus vinos son el eje temático, el patrimonio, el paisaje, la gastronomía y las costumbres locales son elementos consustanciales de una innovadora oferta turística integral.