Nuevos valores

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Publicado el 03/09/2010

Manuel Manzaneque saca todo el partido al escenario de Finca Élez

Manuel Manzaneque Díaz-Hellín, veterano y celebrado director y productor teatral, decidió en los años 90 emprender su propia aventura vitivinícola en su tierra, Albacete (Castilla-La Mancha), para lo que escogió un pago muy especial en el Bonillo: Finca Élez. Esta zona se convirtió en 2002, junto con Dominio de Valdepusa, en la primera Denominación de Origen exclusiva de un Pago Vitícola en España.

Al fin y al cabo, como explica Manuel Manzaneque, hacer un vino tampoco es algo tan distinto a preparar una obra escénica. “Se trata, en los dos casos, de proyectos complicados y laboriosos, que no terminan la noche del estreno, ni en la puesta de largo de la cosecha inaugural. En la bodega y en el teatro es preciso estar bien siempre, una función detrás de otra, añada tras añada, si se pretende ganar el favor del público”, explica este empresario, premio nacional de teatro. De hecho, Manzaneque, confeso enamorado del vino, aprovechaba sus viajes para visitar bodegas. Un extraño giro de tuerca en su biografía profesional le devolvió a sus raíces y en 1992 inauguró su bodega en Finca Élez.

Una década después, cuando obtuvo el marchamo de Pago Vitícola fueron sus hijos quienes se hicieron cargo de la bodega, Manuel, de la parte técnica y su hermana Sofía de la administrativa, ya que ambos se prepararon concienzudamente para ello.

Manuel Manzaneque Suárez es Técnico Superior Agrícola en Viticultura y Enología por el Lycee Agropolis de Montpellier. Realizó diversas prácticas en viticultura sobre las técnicas Canopy Management en Dominio de Valdepusa y también aprendió de la sabiduría y experiencia de José Ramón Lissarrague en la Universidad Politécnica de Madrid y sobre el propio terreno, en la bodega del “Chateau le Bon Pastour” en Pomerol, bajo las órdenes de Michel Rolland. Por su parte, Sofía Manzaneque Suárez es lincenciada en Ciencias Empresariales y Master en Psicología y en Prevención de Riesgos Laborales. Por tanto, como afirma el ya retirado Manuel Manzaneque padre, “nuestros vinos nacen del amor y la pasión de toda la familia. Todos juntos, todo el equipo humano buscamos añada tras añada satisfacer los paladares más exigentes”.

Finca Élez se encuentra en los altiplanos de El Bonillo (Albacete), a más de 1.000 metros de altitud, cerca de la Sierra de Alcaraz y del Parque Natural de las Lagunas de Ruidera, donde las características edafológicas y las condiciones climáticas justifican la idoneidad del pago. Tierra de sabinas (árbol autóctono, protegido y de crecimiento milenario), romero y tomillo. Una zona en la que las diferencias de temperaturas entre el día y la noche, de mínimo 20ºC, hacen que las uvas den lo mejor que hay en ellas y en donde se han estudiando concienzudamente las especiales características de unos suelos pobres, sueltos, bien drenados y de carácter arcillo-arenosos, idóneos para el desarrollo de vides.

Publicado el 04/08/2010

Santiago Vivanco: “Hay que reivindicar el vino como una cultura”

“Quiero devolver al vino lo que el vino me ha dado”. Para Pedro Vivanco, padre de Santiago y artífice del Museo de la Cultura del Vino Dinastía Vivanco, ésta fue la verdadera intención que motivó que unos años después la pequeña localidad riojana de Briones asistiera a la fundación del que se ha convertido en uno de los más importantes e interesantes museos del vino del panorama nacional e internacional. Santiago Vivanco, actual director general del Museo del Vino, además de dirigir el área administrativa de Bodegas Dinastía Vivanco y la Fundación del mismo nombre, representa la cuarta generación de una familia de bodegueros riojanos entregada al mundo del vino, y desde el año 2004, dedicada a compartir con el público su pasión.

Licenciado en Derecho y master en Viticultura, Enología y Marketing del Vino, Santiago Vivanco ha volcado su afición a la literatura, la arqueología y al vino en este proyecto destinado a la divulgación de los más de 8.000 años de relación entre el vino, el arte y el ser humano.

La familia Vivanco comenzó su dedicación al mundo del vino en 1915 con una producción casera que iniciaría una larga historia de esfuerzo y pasión por el vino hasta la consecución, en 1990, de la construcción de la bodega Dinastía Vivanco junto con la adquisición de 400 hectáreas de viñedo en Briones (La Rioja). Una bodega familiar que une la tradición en la elaboración de vinos con la pasión por divulgar todo el mundo que hay en torno a ella, lo cual se lleva a cabo a través de una Fundación y el Museo de la Cultura del Vino Dinastía Vivanco. Según expresa Santiago, “somos una bodega que ofrece una gama de vinos en los que se pretende mostrar la máxima expresión de las diferentes variedades de uva riojanas adaptadas a los diferentes terruños y microclimas presentes en nuestros viñedos”.

Publicado el 02/07/2010

Paco Higón: “Verema es lo que es por sus usuarios”

A principios de los noventa, un grupo de amigos de la zona de Valencia, entre los que se encontraba Paco Higón, decidió reunirse para compartir su afición por el mundo del vino organizando una serie de catas donde intercambiar opiniones e información en un ambiente distendido. Veinte años después, esa filosofía sigue manteniéndose en la que es una de las mayores comunidades virtuales en español dedicadas al vino y a la gastronomía. En un momento en el que la aplicación de las nuevas tecnologías de la comunicación al negocio del vino está de plena actualidad, donde la presencia en las redes sociales y el uso de la web 2.0 se ven como alternativas más que posibles a la publicidad tradicional, Verema se ha convertido en un referente como plataforma de comunicación en Internet que ha crecido gracias a la afición, el interés y las ganas de compartir de sus usuarios.

Según cuenta Paco Higón, socio co-fundador de Verema, el origen de esta comunidad está en las catas que organizaba un grupo de amigos a finales de los ochenta: “Ese grupo de catas lo llamamos peña La Verema (vendimia en valenciano) y estuvimos muchos años juntándonos una vez al mes, catando vinos, aprendiendo a partir de lo que leíamos, de ir a ferias..”. Cuando aparecieron las páginas web a principios de los 90, el grupo, por afición, creó una página de contenidos estáticos donde escribían sus opiniones y los resultados de estas catas. “Llegó un momento en que las 12-14 personas que nos solíamos juntar nos encontramos con que llevábamos mucho tiempo catando juntos, que más o menos nos conocíamos y teníamos unos gustos similares, así que pensamos que había que abrirse al mundo, que necesitábamos saber opiniones de otra gente que estaba haciendo lo mismo que nosotros”. De esta forma, a finales de los 90, cinco de los miembros de la peña Verema, se embarcaron en un proyecto para compartir su afición al vino con todo el mundo gracias a Internet, tal y como nos cuenta Paco Higón, profesor de Hacienda en la Universidad de Valencia que en sus ratos libres aúna su pasión por el vino y las nuevas tecnologías.

La comunidad virtual Verema, con una trayectoria en la red de más de diez años, ha sabido adaptarse al vertiginoso mundo de Internet gracias a que ha mantenido su filosofía de intercambio entre sus usuarios. En este sentido, la comunidad fue pionera en el uso de la web 2.0 - una forma de presentar los contenidos en Internet favoreciendo la interacción de los usuarios – aplicado al mundo del vino y la gastronomía. “Había en EE.UU. comunidades de gente que compartía otras aficiones – videojuegos, series de televisión etc.. - y nos pareció muy interesante acercarlo a nuestra temática dotándole de dinamismo a través de foros, votaciones, comentarios etc.” Una idea a la que se han ido añadiendo a lo largo de los años diferentes herramientas para facilitar el intercambio y la comunicación como son los blogs o las catas virtuales.

Publicado el 28/05/2010

Pablo Ossorio, el maestro del equilibrio

Perteneciente a la nueva generación de enólogos que ha recorrido medio mundo y ha sabido aplicar sus conocimientos y arriesgarse apostando por lo que nadie creía posible, este berciano afincado en Requena, ha sorprendido al público en general por la singularidad de sus vinos. Pablo Ossorio concibe su profesión como el largo proceso que se inicia en la viticultura y alcanza hasta la venta al público del producto, un recorrido donde todas las actividades son igual de importantes y determinan tanto la calidad de los vinos como su recorrido futuro en el mercado.

Nacido en Ponferrada (León), Pablo Ossorio es el último nieto de una generación de bodegueros “mi abuelo era bodeguero, tenía una bodega y destilería de aguardiente en Carracedo del Monasterio, mis padres no lo continuaron. Yo soy el último nieto que ha seguido con la tradición”. Con 19 años se decidió por estudiar en una de las dos mejores escuelas de enología que existían por aquel entonces, la Escuela de Viticultura y Enología de Requena, una zona en la que por casualidades de la vida, terminaría desarrollando su carrera profesional.

Una vez terminados sus estudios como primero de su promoción en el año 1993, la trayectoria de Pablo Ossorio comienza en la Bodega Cooperativa Vinos del Bierzo como ayudante de enología. Tras lo cual y de la mano de Bodegas Monteviejo (D.O. Cariñena), tendría la oportunidad de viajar a las zonas vitivinícolas de Italia y Argentina para desempeñar una función técnico-comercial seleccionando los vinos que luego la bodega comercializaría en España paralelamente a sus productos; “yo con casi 22 años estaba en Italia. El gerente de la bodega me iba diciendo los perfiles de vino que se buscaban, tanto organolépticamente como analíticamente, y yo iba seleccionándolos. Era un trabajo muy interesante y muy enriquecedor porque probabas muchos vinos”.

Después de un año trabajando para la bodega San Alejandro, dentro de la D.O. Calatayud, donde Pablo Ossorio descubriría y elaboraría tintos y rosados de la variedad de uva Garnacha; este enólogo leonés entraría a formar parte del equipo de Bodegas Murviedro (D.O. Utiel-Requena) en el año 1997, convirtiéndose en dos años en su director técnico. En el momento en el que este enólogo entró en la bodega perteneciente al grupo suizo Schenk, ésta había emprendido un proyecto para reunir en una planta todos los procesos de vinificación y embotellado que tenía desperdigados por la zona. Un proyecto que Pablo Ossorio vivió desde el principio y en cuyo éxito actual sigue participando: “Yo entré aquí con cuatro millones de botellas que venían heredadas de la planta que tenían en Valencia y el año pasado hemos cerrado con 17 millones, algo que supone un crecimiento de casi un millón de botellas por año”.

Publicado el 30/04/2010

Elena Adell: la innovación y el detalle de una enóloga “de pura cepa”

Rioja, Rías Baixas, Ribeiro, Navarra, Valdepeñas, Jumilla, Australia, California, Chile, la experiencia de Elena Adell, enóloga riojana “de pura cepa” – como ella misma se describe – es abrumadora. Pionera en su campo desde que en el año 75 decidiera dedicarse a un mundo tradicionalmente controlado por hombres, esta inquieta riojana continua en la actualidad apostando firmemente por la innovación y el cuidado de todos los detalles de la elaboración del vino como enóloga de las bodegas Campo Viejo, en la D.O. Ca. Rioja.

Elena Adell es una extraña mezcla entre inquietud, inconformismo y búsqueda de innovación con una verdadera pasión por el detalle, el cuidado y la paciencia que exige el lento proceso de elaboración del vino. Tal y como ella misma describe, su vocación le viene desde la infancia, siendo su abuelo materno agricultor riojano, propietario de una pequeña bodega de cosechero, Elena recuerda cosas como “la magia y la excitación del zafarrancho de la vendimia” y fue testigo directo del meticuloso proceso de elaboración del vino, desde la cosecha hasta el envasado en una región cuyo nombre se asocia a una larga tradición vitivinícola: “El vino ha estado presente siempre en la mesa de mi familia. Ha sido algo tan normal y cotidiano como el pan, el aceite de oliva, la leche, la fruta o la verdura”.

Elena no duda de que su carrera profesional ha corrido ligada a sus orígenes: habiendo estudiado Ingeniería Agrícola y siendo riojana “parecía obligado que me especializara en viticultura y enología y me dedicara a lo que me dedico, a hacer vino”. Además de Especialista Superior en Viticultura y Enología, Elena Adell es Técnico Superior en Prevención de Riesgos Laborales y tiene formación específica en Sistemas de Aseguramiento de Calidad, Medio Ambiente y Auditorías.

Comenzó su trayectoria profesional en 1984 en la Consejería de Agricultura y Alimentación del Gobierno de La Rioja, sentando las bases de los que después sería el Registro de Viñedo de la Comunidad Autónoma. Un año después entraría en una de las bodegas con más historia de su tierra, AGE, fundada en 1881. Allí trabajó más de una década pasando desde la responsabilidad del incipiente Control de Calidad, hasta la dirección del departamento y la supervisión finalmente de la Calidad, el Medioambiente y la Prevención de Riesgos Laborales de esta bodega.

En 1999, dos años después de la incorporación de AGE al Grupo Bodegas y Bebidas, Elena Adell entra en el Departamento de Enología pasando por la extensa lista de denominaciones de origen en donde el Grupo tenía bodegas: Rioja, Rías Baixas, Ribeiro, Navarra, Valdepeñas o Jumilla; y recorriendo las más diversas regiones vitivinícolas tanto españolas, como foráneas: Argentina, Chile, Italia, Francia, Portugal. Regiones que han ido dibujando la experiencia de una enóloga inquieta y curiosa por seguir descubriendo el mundo del vino: “no tengo ninguna pereza para comenzar cuantos viajes se me planteen que tengan como destino un viñedo, una bodega, una cata, una animada conversación con un colega.”

Publicado el 30/03/2010

Sonia Olano, la gran señora de Castillo de Monjardín

Sonia Olano comenzó su andadura en Castillo de Monjardín hace ya 24 años. Desde estas tierras navarras, esta gran dama del vino ha logrado aportar una especial singularidad al panorama vinícola español. Innovaciones que no han pasado inadvertidas a escala internacional, como atestiguan los numerosos premios que los vinos de esta bodega recogen cada año en los principales certámenes.

“Escarlata O’Hara en ‘Lo que el viento se llevó’ decía que lo único que siempre queda es la tierra; todo lo demás es transitorio, y esta filosofía la hemos hecho nuestra en Castillo de Monjardín”, explica Sonia Olano, una donostiarra que recién casada se instaló en esta zona, en Villamayor de Monjardín, en Tierra Estella, dominios amparados por la D.O. Navarra.

Corría el año 1986 y nacía un nuevo proyecto de viñedos y bodega: Castillo de Monjardín. “Fue entonces cuando comenzó la reestructuración del viñedo propiedad de la familia de mi marido y la ampliación y adecuación de unos edificios para construir la bodega, que inauguramos en 1994”, rememora Olano para posteriormente insistir en la importancia primordial del terroir, concepto que siempre se ha vinculado con la personalidad y calidad de los vinos. “La magia de que uvas de la misma casta cultivadas, vinificadas y envejecidas con las mismas técnicas en zonas geográficas diferentes produzcan vinos tan distintos entre sí sólo se puede deber a la influencia de la tierra”, aclara.

En este sentido, Castillo de Monjardín cuenta actualmente con 220 hectáreas de viñedo propio situadas en cuatro áreas climatológicamente distintas. En Monjardín, a 600 metros de altitud, en una zona fría, tienen 60 hectáreas de Chardonnay y cinco de Pinot Noir; en la carretera a Logroño, Olite y Villafranca, en una zona más templada, se encuentran las otras tres zonas, en las que se hallan las uvas tintas Tempranillo, Garnacha, Cabernet Sauvignon y Merlot.

No obstante, una de las banderas que ha enarbolado esta bodega es su especificidad y la particular forma de entender la vitivinicultura. De hecho ha protagonizado cambios en aspectos que parecían inamovibles en este sector apoyándose tanto en el valor de la tradición como en el de las nuevas tecnologías. Por ejemplo, Castillo de Monjardín fue la pionera en realizar vendimia nocturna de la variedad Chardonnay, a una temperatura entre 7º y 9ºC., con lo que se evita toda actividad microbiológica. “No somos una bodega al uso. Nuestra inquietud por los nuevos procesos de vinificación nos ha llevado a elaborar unos vinos diferentes, con un estándar de calidad muy elevado”, afirma, para incidir también en la variedad de referencias que elaboran. “La gama de vinos que ofrecemos es muy amplia y sorprende, por ejemplo, que podamos elaborar tres blancos diferentes, uno fresco y afrutado sin barrica, otro fermentado, y un elegantísimo reserva, único en esta zona y que nos ha dado muchísima fama”, explica orgullosa.

Publicado el 25/02/2010

Juan Antonio Ponce profeta en su tierra con la autóctona Bobal

Juan Antonio Ponce ha sabido destilar toda la verdad que le ofrece la Bobal de su tierra, Cuenca. Sus vinos se muestran sinceros, reflejando el carácter de sus diferentes parcelas, todas ellas cultivadas bajo los dictados de la biodinámica en lo que al laboreo se refiere, leyes que también rigen en la bodega y que parece que le están aportando buenos resultados. La mejor prueba de ello es que sus creaciones están convenciendo a consumidores y prescriptores por igual, convirtiéndose en abanderado de la calidad de la Bobal de la D.O. Manchuela.

Ponce procede de una familia que lleva generaciones trabajando las viñas en la D.O. Manchuela, así que se siente profundamente ligado a su tierra. “Mi padre me enseñó como a él le había enseñado su padre, todo el laboreo, es decir, desde plantar una viña, podarla, trabajar la tierra hasta respetar y venerar el momento culmen: el de la vendimia. Después de todo un año de trabajo cada uno de la familia aportábamos lo que podíamos para ayudar a recoger el fruto esperado”, recuerda Ponce que, más que enólogo se considera viticultor.

Estos comienzos, cuando aún era un niño, marcaron su infancia por lo que a nadie extrañó que, cuando llegó el momento, decidiese estudiar en la Escuela de Viticultura y Enología de Requena. “Como viticultor siempre había tenido curiosidad por saber qué pasaba dentro de una bodega para que la uva que yo llevaba se convirtiese en un vino delicioso, quería estudiarlo”, explica Ponce.

Así, en Requena aprendió los procedimientos necesarios para elaborar vinos y también completó su formación en viticultura. Después de hacer prácticas durante dos años en la Cooperativa de Iniesta, su pueblo natal, tuvo la suerte de comenzar a trabajar en un proyecto dirigido por la Compañía de Vinos Telmo Rodríguez. “Bajo las órdenes de Telmo y de Pablo Eguzkiza comencé a respetar las variedades de cada una de las trece zonas en las que trabajamos y profundicé en las diversas viticulturas de cada región”, comenta Juan Antonio Ponce, que desde 2001 hasta 2006 elaboró en Rioja, Toro, La Mancha, Málaga, Alicante o Cigales.

Además, durante 2005 y 2006 realizó varios viajes a Francia para formarse sobre el misterioso mundo de la Biodinámica y los vinos naturales, decidiendo, desde entonces, aplicar estos procedimientos en sus viñas, su bodega y sus vinos. “Me interesan no tanto los tratamientos como el tener en cuenta las fases lunares a la hora de realizar podas o decidir cuándo se vendimia, así como en el trabajo en bodega” aclara el viticultor.

Publicado el 28/01/2010

Guillermo Díez, el enólogo más joven de la DO Toro revalida sus éxitos cada cosecha

Guillermo Díez Rodríguez sintió curiosidad por el mundo del vino desde pequeño, cuando observaba a su abuelo elaborarlo en una pequeña bodega subterránea antigua, con barricas viejas. Con el tiempo ha llegado a ser el artífice de una gama de vinos de la D.O. Toro muy reconocida a nivel internacional, éxito que también se debe a su labor comercial fuera de nuestras fronteras, ya que ha recorrido el mundo mostrando las excelencias de sus Carodorum.

“Me he criado entre cepas y he visto crecer y madurar sus uvas desde pequeño. Mis padres tienen viñedos y los hemos cuidado siempre”, comenta Guillermo Díez al que el afán de querer probar y elaborar vinos en su tierra le llevó a ser, con tan sólo 19 años, el enólogo más joven de la D.O. Toro. “En esos primeros vinos, de los que aún conservo alguna botella, buscaba la peculiaridad, aunque se asemejaban a los que entonces se hacían en la zona”, explica remontándose al año 2003, su primera añada, de la que tan sólo elaboró 2.000 kilos de uva.

Fue en ese año cuando la familia decide fundar la bodega Carmen Rodríguez Méndez, tomando el nombre de su madre. “Comenzamos en una nave de unos 200 metros cuadrados. Era una bodega acogedora en la que disponíamos de toda la tecnología de una gran bodega, que adoptamos a nuestro tamaño. Con depósitos de 3.000 litros de acero inoxidable y 40 barricas de roble francés de diferentes tonelerías” recuerda Díez.

Dos años más tarde, cuando aún estaba estudiando, Guillermo elaboró sus primeros 8.500 kilos de uvas de los cuales nació Carodorum, una traducción latina que significa ‘esperanza dorada’. “Hice tan sólo 1.300 botellas de un vino de 9 meses en roble francés. El resultado fue estupendo, el vino impresionaba por su singularidad, era un Toro domado, redondo, fácil de beber pero con la estructura, cuerpo y color que caracteriza los vinos de esta zona”, argumenta el enólogo. En 2006 la familia amplía la bodega hasta los 500 metros cuadrados. “Sigo teniendo mis depósitos de 3.000 litros pero cuento con unas instalaciones mejores aunque considero que el secreto de un gran vino está en las uvas y en las manos que las cuidan”.

Durante los siguientes años, Guillermo Díez continuó investigando con diferentes maderas y tonelerías para obtener mayor personalidad en sus vinos y también comenzó a dar a conocer su vino en el extranjero. “La añada 2004 fue la primera que presentamos al prestigioso Robert Parker y, para mi sorpresa, mis vinos fueron reconocidos entre los mejores de Toro. Además, también estoy muy orgulloso de la medalla de Plata que conseguimos aquel año en concurso alemán Mundus Vini. Llevo seis años elaborando mis vinos siempre con el afán de mejorar en cada cosecha.”

Una de las características primordiales de los Carodorum es la viticultura. Todo el viñedo es propiedad de la familia, las uvas, pertenecientes a la variedad Tinta de Toro, se catan para saber cuál es el momento óptimo para vendimiarlas, se recogen en cajas de 15 kilos y se hace una doble selección en la mesa cuando llegan a bodega. Posteriormente, pasan a depósitos de 3.000 litros, aunque cada viñedo se elabora en depósitos individuales.

Publicado el 21/12/2009

Abel Mendoza lucha con tenacidad por sacar la verdad de su viñedo riojano

Abel Mendoza Monge es un cosechero y bodeguero afincado en San Vicente de la Sonsierra, uno de los municipios más nobles amparados D.O.Ca Rioja, como noble también es su actitud y filosofía ante el viñedo. “Crío a mi manera, ajeno a la norma imperante y con los tiempos marcados por las variables que uno advierte en la viña, donde una adecuada y exacta intervención, tanto en la tierra como en la vid, determina la calidad del vino”, asegura.

Este profesional nació hace 48 años en San Vicente de la Sonsierra, cuando aún esta localidad no era el mar de viñas en el que se ha convertido hoy y primaba la agricultura de subsisistencia: “cultivar de todo un poco y vender algo de todo. Excepto con el vino, que siempre ha sido el eje sobre el que se ha vertebrado la economía del pueblo, uno de los territorios más amables para el cultivo de la vid”, recuerda Mendoza.

Por su trascendencia personal, también rememora el comienzo de la década de los sesenta del pasado siglo, cuando el éxodo a las ciudades industriales era la salida más sensata y, “por centenares, familias enteras emigraron en busca de una vida mejor y más holgada económicamente. Sin embargo, la mía decidió quedarse en el pueblo y determinó mi destino: vivir el campo, con sus enormes carencias y retos, con sus atavismos y atrasos, pero con un enorme conocimiento, acumulado durante muchos años, sobre el cultivo de la vid y la transformación de la uva en vino”.

No obstante, el mayor compromiso aceptado por este hombre que aún cree en el valor de la palabra dada tuvo lugar a comienzos de los años ochenta, cuando se hizo cargo de las viñas familiares de Tempranillo y comenzó a perfilar una idea sobre lo que deseaba para su futuro más inmediato: vender con marca propia el vino que producían. “Fue un salto tremendo, ya que sabía cultivar viñas y hacer vino, pero no tenía ni idea del mercado y sus leyes, aunque me movía la imponente e ilusoria convicción que asiste a los ‘destripaterrones’: trabajo y más trabajo”, comenta para terminar su reflexión afirmando que se trató de un “camino sin vuelta atrás, que empecé en 1986 y que ha tenido un recorrido lento, con la intuición como guía, primero; la adquisición, de conocimientos, después; y las sugerencias que me han ofrecido mis clientes, muchos de ellos amigos, que me han animado a hacer vinos de mayor calidad y cada vez más sofisticados y minoritarios. Algunos, ciertamente, singulares”.

Así, en 1988, tras construir una bodega para sustituir la vieja que tenían sus padres, sacó al mercado la primera marca de la bodega: Jarrarte, “un vino joven de maceración carbónica con el que empecé a presentarme en sociedad. Era difícil venderlo entonces y ahora, porque los vinos de año son los grandes desconocidos de Rioja, salvo en los territorios limítrofes, donde se les aprecia”, explica Mendoza.

Publicado el 26/11/2009

René Barbier: “Vivo con mi viñedo y necesito su presencia”

René Barbier Ferrer formó parte de aquellos visionarios que revolucionaron los vinos de Priorato en la década de los 70. Estamos hablando del creador de Clos Mogador, y también del padre de Manyetes y del blanco Nelin cuya evolución personal y profesional culminó en 2004, con Espectacle, amparado por la D.O. Montsant. Desde entonces, este vino ha conseguido aunar las opiniones tanto de expertos como de consumidores, cosechando diversos premios y formando parte de las cavas particulares de cada vez un número mayor de amantes del vino.

“Soy un obseso de la expresión del terroir”, afirma René Barbier para explicar que, según su opinión, “la identificación de un vino es la foto donde nació. Un enólogo que no vive sus viñas se transforma, automáticamente, en el peor enemigo del espíritu de un gran vino. Personalmente vivo con mi viñedo y necesito su presencia. Los mimos necesarios, demasiado sol o no, si las hojas brillan, si los sarmientos están agradecidos, al final todas estas preocupaciones te las devuelve la uva con creces”, asevera con entusiasmo el bodeguero.

Este enólogo nacido en Tarragona en 1950 es hijo de viticultores de origen francés. Su formación comenzó en las escuelas de Beaune, en Borgoña, y Limoux, donde se diplomó como enólogo, título que amplió en la Universidad de Bordeaux, con estancias profesionales en diferentes bodegas de prestigio.

Así, vinificó blancos en Alsacia (Riquewir: Doff au Moulin), trabajó en Bodegas Moueix: Petrus, la fleur Petrus y varias fincas en el Pomerol y St. Emilion; completó su formación comercial en la bodega Sichels y estudió el método de elaboración del Champagne en el ‘Café de París’ en Bordeaux.

No obstante, y pese a esta formación eminentemente francesa, su primer trabajo profesional fue en España, como distribuidor y comercial en la bodega Palacios Remondo, en la D.O.Ca. Rioja, donde estuvo desde 1976 a 1979 año en el que compra su finca en Priorato, en el término de Gratallops, y comienza el proyecto Clos Mogador, plantando Garnacha, Cariñena, Cabernet Sauvignon y Syrah. En esta aventura por realzar los vinos de esta zona le van a acompañar en un primer momento un pequeño grupo de amigos entre los que se encuentra Carles Pastrana (Clos de L'Obac), José Luis Pérez Verdú (Clos Martinet), Dafne Glorian (Clos Erasmus), al que se uniría con posterioridad Álvaro Palacios (autor de L'Ermita).

Los primeros vinos se elaboraron en instalaciones compartidas, donde cada uno aportaba su uva y elaboraba su vino al estilo de la Borgoña. Así, lo que empezó como una simple aventura acabó en un rotundo éxito. Posteriormente, en 1999 a Clos Mogador se unen Manyetes y el blanco Nelin y también en ese año crea una nueva sociedad en la D.O. Montsant: Celler Laurona, de la que en 2004 nace Espectacle.

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