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02/02/2012
La historia, el tiempo, la tradición y el entorno son los principales elementos que comparten los mundos de la arquitectura y el vino. En los últimos años nuestro país ha sido testigo de numerosas iniciativas que han equiparado en importancia el diseño y la concepción espacial de las bodegas, con el trabajo pausado y tradicional de la elaboración del vino. En la actualidad la bodega de Marqués de Riscal, diseñada por Frank O. Ghery, el edificio de Ysios, de Santiago Calatrava o la bodega Viña Real de CVNE, de Philippe Maziéres, son solo algunos ejemplos de cómo la arquitectura colabora dentro de la integración paisajística, la funcionalidad y la estética de todos los procesos implicados en la elaboración del vino. El prestigioso arquitecto navarro Rafael Moneo, ha querido dar un paso más implicándose en el proyecto de Bodegas y Viñedos La Mejorada, donde la arquitectura, la tradición histórica y la interpretación de los suelos y viñedos dan una identidad especial a los vinos que se elaboran allí..
Rafael Moneo, arquitecto nacido en Tudela (Navarra) en 1937, es una de las figuras más relevantes a nivel nacional e internacional dentro de su profesión. Su dilatada carrera le ha llevado a emprender numerosos proyectos de la envergadura de la estación de Atocha en Madrid, el Palacio de Congresos y Auditorio Kursaal de San Sebastián o las obras de ampliación del también madrileño Museo del Prado. Rafael Moneo ostenta, entre otros títulos significativos, la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes del Gobierno Español, es Doctor Honoris Causa por la Universidad de Lovaina (Bélgica) y ha sido reconocido con distintivos como el Premio Pritzker de Arquitectura o la Medalla de Oro de la Academia de Arquitectura de Francia.
Las obras de Rafael Moneo han intentado buscar siempre un diálogo entre el edificio y el entorno dentro del cual se encuadraban, fuera éste natural o urbano. Estas ideas de perdurabilidad e integración fueron aplicadas por el arquitecto navarro en su primera incursión en el mundo del vino: las instalaciones de Señorío de Arínzano, de Bodegas Chivite. En este proyecto Rafael Moneo apostó por la sobriedad y la armonía para el conjunto de edificios de la bodega: una torre medieval del siglo XIV, una ermita neoclásica y un caserón, los cuales están rodeados por las naves de elaboración creando un triángulo delimitado por el bosque natural en el que se circunscriben las instalaciones.