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30/03/2010
Sonia Olano comenzó su andadura en Castillo de Monjardín hace ya 24 años. Desde estas tierras navarras, esta gran dama del vino ha logrado aportar una especial singularidad al panorama vinícola español. Innovaciones que no han pasado inadvertidas a escala internacional, como atestiguan los numerosos premios que los vinos de esta bodega recogen cada año en los principales certámenes.
“Escarlata O’Hara en ‘Lo que el viento se llevó’ decía que lo único que siempre queda es la tierra; todo lo demás es transitorio, y esta filosofía la hemos hecho nuestra en Castillo de Monjardín”, explica Sonia Olano, una donostiarra que recién casada se instaló en esta zona, en Villamayor de Monjardín, en Tierra Estella, dominios amparados por la D.O. Navarra.
Corría el año 1986 y nacía un nuevo proyecto de viñedos y bodega: Castillo de Monjardín. “Fue entonces cuando comenzó la reestructuración del viñedo propiedad de la familia de mi marido y la ampliación y adecuación de unos edificios para construir la bodega, que inauguramos en 1994”, rememora Olano para posteriormente insistir en la importancia primordial del terroir, concepto que siempre se ha vinculado con la personalidad y calidad de los vinos. “La magia de que uvas de la misma casta cultivadas, vinificadas y envejecidas con las mismas técnicas en zonas geográficas diferentes produzcan vinos tan distintos entre sí sólo se puede deber a la influencia de la tierra”, aclara.
En este sentido, Castillo de Monjardín cuenta actualmente con 220 hectáreas de viñedo propio situadas en cuatro áreas climatológicamente distintas. En Monjardín, a 600 metros de altitud, en una zona fría, tienen 60 hectáreas de Chardonnay y cinco de Pinot Noir; en la carretera a Logroño, Olite y Villafranca, en una zona más templada, se encuentran las otras tres zonas, en las que se hallan las uvas tintas Tempranillo, Garnacha, Cabernet Sauvignon y Merlot.
No obstante, una de las banderas que ha enarbolado esta bodega es su especificidad y la particular forma de entender la vitivinicultura. De hecho ha protagonizado cambios en aspectos que parecían inamovibles en este sector apoyándose tanto en el valor de la tradición como en el de las nuevas tecnologías. Por ejemplo, Castillo de Monjardín fue la pionera en realizar vendimia nocturna de la variedad Chardonnay, a una temperatura entre 7º y 9ºC., con lo que se evita toda actividad microbiológica. “No somos una bodega al uso. Nuestra inquietud por los nuevos procesos de vinificación nos ha llevado a elaborar unos vinos diferentes, con un estándar de calidad muy elevado”, afirma, para incidir también en la variedad de referencias que elaboran. “La gama de vinos que ofrecemos es muy amplia y sorprende, por ejemplo, que podamos elaborar tres blancos diferentes, uno fresco y afrutado sin barrica, otro fermentado, y un elegantísimo reserva, único en esta zona y que nos ha dado muchísima fama”, explica orgullosa.