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25/02/2010
Juan Antonio Ponce ha sabido destilar toda la verdad que le ofrece la Bobal de su tierra, Cuenca. Sus vinos se muestran sinceros, reflejando el carácter de sus diferentes parcelas, todas ellas cultivadas bajo los dictados de la biodinámica en lo que al laboreo se refiere, leyes que también rigen en la bodega y que parece que le están aportando buenos resultados. La mejor prueba de ello es que sus creaciones están convenciendo a consumidores y prescriptores por igual, convirtiéndose en abanderado de la calidad de la Bobal de la D.O. Manchuela.
Ponce procede de una familia que lleva generaciones trabajando las viñas en la D.O. Manchuela, así que se siente profundamente ligado a su tierra. “Mi padre me enseñó como a él le había enseñado su padre, todo el laboreo, es decir, desde plantar una viña, podarla, trabajar la tierra hasta respetar y venerar el momento culmen: el de la vendimia. Después de todo un año de trabajo cada uno de la familia aportábamos lo que podíamos para ayudar a recoger el fruto esperado”, recuerda Ponce que, más que enólogo se considera viticultor.
Estos comienzos, cuando aún era un niño, marcaron su infancia por lo que a nadie extrañó que, cuando llegó el momento, decidiese estudiar en la Escuela de Viticultura y Enología de Requena. “Como viticultor siempre había tenido curiosidad por saber qué pasaba dentro de una bodega para que la uva que yo llevaba se convirtiese en un vino delicioso, quería estudiarlo”, explica Ponce.
Así, en Requena aprendió los procedimientos necesarios para elaborar vinos y también completó su formación en viticultura. Después de hacer prácticas durante dos años en la Cooperativa de Iniesta, su pueblo natal, tuvo la suerte de comenzar a trabajar en un proyecto dirigido por la Compañía de Vinos Telmo Rodríguez. “Bajo las órdenes de Telmo y de Pablo Eguzkiza comencé a respetar las variedades de cada una de las trece zonas en las que trabajamos y profundicé en las diversas viticulturas de cada región”, comenta Juan Antonio Ponce, que desde 2001 hasta 2006 elaboró en Rioja, Toro, La Mancha, Málaga, Alicante o Cigales.
Además, durante 2005 y 2006 realizó varios viajes a Francia para formarse sobre el misterioso mundo de la Biodinámica y los vinos naturales, decidiendo, desde entonces, aplicar estos procedimientos en sus viñas, su bodega y sus vinos. “Me interesan no tanto los tratamientos como el tener en cuenta las fases lunares a la hora de realizar podas o decidir cuándo se vendimia, así como en el trabajo en bodega” aclara el viticultor.