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Publicado el 03/09/2010
La propuesta de la bodega Regalía de Ollauri se hunde en lo más hondo de la tierra de la Alta Rioja de donde crecen sus viñedos, tanto por su historia, que respaldan la experiencia y la tradición de los hermanos Manuel y José Azpilicueta, biznietos del fundador de Bodegas AGE en el siglo XIX, como por su misma concepción arquitectónica, semienterrada en el cerro de la finca sobre la que se asienta y con un innovador y pionero sistema de refrigeración que se aprovecha del calor de la corteza terrestre a 100 metros bajo el nivel del suelo. Regalía de Ollauri, con solo cuatro años en el mercado, está consiguiendo establecerse en el ámbito nacional e internacional gracias a su compromiso con la calidad, su apuesta por la innovación y la experiencia y tradición de sus fundadores.
Regalía de Ollauri está situada en la localidad riojana homónima, en un enclave que se encuentra rodeado por la cima de San Lorenzo al Suroeste, la Sierra de Cantabria al Norte, y al Oeste y Noroeste, los municipios de Ollauri y Haro respectivamente, con su característico paisaje de viñedos. Es en este lugar en el que desde el año 2004 Regalía de Ollauri comenzó a funcionar con el impulso de un equipo joven de once personas avalado por la experiencia de su presidente Manuel Azpilicueta y con el apoyo de un grupo de inversores tanto riojanos como foráneos. Para Manuel García, actual gerente de la bodega, esta combinación ha permitido a este proyecto “el tiempo para poder formar una red de ventas nacional e internacional, sólida, con base, con diferenciaciones que nos conviertan en vanguardistas y que nos permitan ir ganando mercado”.
La diferenciación, filosofía de esta bodega, comienza en el exquisito tratamiento que se da a sus viñedos, con unas innovadoras técnicas de elaboración, así como con el uso de la energía geotérmica en su producción, algo que la ha convertido en la primera bodega en el mundo en hacer uso de este sistema no agresivo con el medio ambiente.
En cuanto a los viñedos, Regalía de Ollauri cuenta con 80 hectáreas de vides de las variedades autóctonas Tempranillo, Mazuelo y Garnacha, las cuales son tratadas favoreciendo la calidad gracias a su bajo rendimiento debido a las podas que se realizan meses antes de la vendimia con el fin de reducir la carga de la planta. En consonancia con este cuidadoso tratamiento, la vendimia se realiza de forma manual y las uvas se depositan en cajas de 17 Kg. de capacidad para evitar su aplastamiento, asimismo cada jornada de trabajo la uva se lleva a la bodega en un tiempo que nunca supera las tres horas para evitar la prematura fermentación de la misma.

Publicado el 30/07/2010
La bodega Cortijo Los Aguilares, situada en la malagueña región de Serranía de Ronda (Andalucia) y adscrita a
Cortijo Los Aguilares fue fundada hace once años por la familia Itarte, de origen guipuzcoano, con la firme convicción de elaborar vinos de calidad en Ronda. Acogida a la D.O. Sierras de Málaga, una región que agrupa a casi una veintena de bodegas comprometidas de igual forma con la calidad de sus vinos, la bodega Cortijo Los Aguilares está situada en la finca homónima de 800 has. de las cuales 18 se dedican a la plantación de viñedos en un paraje denominado Puente de La Ventilla.
La situación de esta bodega, cuyas 18 has. de viñedo se alzan

Publicado el 30/06/2010
Desde su fundación en el año 1931 la Bodega José Luís Ferrer, amparada bajo la mallorquina denominación de origen Binissalem-Mallorca, ha seguido un constante proceso de renovación y adaptación a los tiempos en sus técnicas de elaboración y en su oferta de vinos. Pionera en muchos campos a lo largo de sus casi 80 años de trayectoria, esta bodega, marcada por los comienzos difíciles de la decadencia de la producción de vino en los años 30 en Mallorca, ha hecho de la evolución una filosofía que ha llegado a convertirla en una referencia de los vinos de su región apostando en la actualidad por una gama de caldos elaborados a partir de agricultura ecológica.
José Luís Ferrer, abuelo del actual director, fundó la bodega que lleva su nombre en el año 1931, una etapa difícil para la producción de vino en Mallorca, marcada además por la posterior guerra civil (1936-1939) y la economía de subsistencia de la posguerra. Aún así, la Bodega José Luís Ferrer se asentó sólidamente como pionera en la isla en la elaboración de vinos de crianza y afinamiento posterior en botella a partir de una selección de variedades de uva entre las que destacaba la autóctona Manto Negro. Una apuesta a la que se le unió la temprana política de ampliación de mercados en el exterior, llegando a situar sus vinos en países como Suiza o Reino Unido a partir de la década de los 50.
En 1964 la bodega perfeccionaría sus técnicas de elaboración de vino con la implantación del control de temperatura en el proceso de fermentación, algo de lo que también sería pionera en la isla. De igual forma, durante esta etapa la bodega continuó en su compromiso con las variedades autóctonas cultivando la uva blanca Moll, a partir de la que elaboraría el vino Blanc de Blancs de Binissalem manteniéndose como la única bodega por aquel entonces que producía y envejecía vino sin traerlo de la península, una práctica habitual en Mallorca en aquellos años.

Publicado el 28/05/2010
“Después de rodar La lengua de las mariposas se me metió en la cabeza que quería comprar cuatro paredes de piedra, de las muchas que había visto medio despanzurradas y al aire en cualquier rincón de la provincia de Ourense, rehabilitarlas, y prepararme en su seno un retiro apañado”. Así cuenta José Luís Cuerda, prestigioso cineasta manchego, cómo comenzó su aventura de producir un Ribeiro con toda la historia y el terruño del valle del Avia. Una zona situada al oeste de la provincia de Ourense, cuya larga tradición en la elaboración de vinos blancos se remonta a la Edad Media.
La bodega Sanclodio está situada en un monasterio cisterciense del mismo nombre, el cual fue adquirido por José Luís Cuerda después de producir para Alejandro Amenábar la película Los otros en el año 2002. A esta compra le siguió la de las fincas “Cerrada da Porta”, famosa en el valle del Avia por la calidad de los vinos que salían de allí, “Aguieira” y “A Planada”, hasta completar 6,5 hectáreas de viñedos de castes gallegas, nombre con el que se designa en la zona a las variedades autóctonas, entre las que se encuentran la Treixadura, Godello, Loureira, Torrontés y Albariño.
Desde que las órdenes eclesiásticas cisterciense y benedictina introdujeran en la Edad Media la cultura del vino en la región, los devenires históricos del siglo pasado habían privilegiado las variedades más productivas en detrimento de las autóctonas. El proyecto de José Luís Cuerda, cuya primera cosecha data tan solo del año 2005, apostó desde el primer momento por producir vinos de calidad con la ilusión de expresar en ellos la particularidad de este valle en forma de media luna que el río Avia ha ido horadando a lo largo de la historia.
Con ese ánimo, desde la bodega Sanclodio se prima la calidad durante todo el proceso de elaboración del único vino blanco que saca al mercado. A los viñedos de castes gallegas, en los que predomina la plantación de Treixadura, les son aplicados técnicas de cultivo tradicionales bajo un control exhaustivo de su rendimiento. Plantadas en sábrego, mezcla de arena granítica y arcilla, las viñas de Sanclodio se aprovechan del particular microclima del valle del Avia, cuyas montañas crean una barrera natural contra las tormentas y neutralizan la influencia del mar. Además, la moderada pluviosidad y los contrastes térmicos del verano hacen que la uva madure lentamente y dé vinos con una gran calidad de aromas y sabores.
Tras la vendimia manual, el método de elaboración de vino que se sigue es tradicional y busca la expresión sincera del cariño con el que se cultivaron las viñas. Según cuenta José Luís Cuerda, “limitamos severamente la producción de uva y, una vez vendimiada, le buscamos también un rendimiento muy limitado. Hacemos así menos vino, pero es para hacerlo mejor”

Publicado el 30/04/2010
Bodegas Torres, la empresa fundada en Vilafranca del Penedès hace casi siglo y medio, es una referencia indiscutible en el panorama vitivinícola español de la actualidad. Habiendo conseguido mantener la tradición de ser una bodega familiar, los vinos de Bodegas Torres llegan ahora a 140 países del mundo y sus viñedos crecen en países como Chile o EE.UU. así como en diversas denominaciones de origen españolas. Pero esta bodega no es sólo conocida por la extensión de su negocio o su compromiso con la calidad de sus productos, desde hace algunos años Bodegas Torres se ha convertido en la empresa vitivinícola española pionera en la introducción de técnicas de producción sostenible tanto de respeto al medio ambiente como para la adaptación al cambio climático.
Miguel A. Torres, actual presidente de la compañía, explica cómo comenzó la sensibilización de Bodegas Torres con las consecuencias del cambio climático y las medidas que había que tomar tanto para paliarlo como para adaptarse a él: “Desde hace unos años algunos viticultores empezamos a observar cambios en el proceso de maduración de la uva, con un desfase entre la madurez en el contenido de azúcares y la madurez de los aromas”. Estos cambios obligaban a decidir entre favorecer la expresión aromática de los vinos a costa de una más alta graduación alcohólica, o elaborar vinos con los aromas mucho más atenuados.
Ante la evidencia de cómo el calentamiento global había causado esta aceleración fenológica de las cepas, adelantando la fecha de la vendimia, desde Bodegas Torres comenzó a ponerse en marcha un ambicioso programa encaminado a minimizar el impacto de los procesos productivos del vino en el entorno.
Pero este plan no habría sido posible sin la larga tradición de la bodega de respeto al medio ambiente con el fin de aumentar la calidad de las cepas, y por tanto de los vinos, ofrecidos al público. Tal y como afirmara el cofundador de la compañía en el siglo XIX, Miguel Torres Vendrell: “No hay un buen vino que no respete la naturaleza”; una filosofía que se ha mantenido en la bodega y que se ha ido adaptado a los nuevos desafíos que el cambio climático ha provocado.

Publicado el 30/03/2010
En R. López de Heredia, el proceso de elaboración de vinos es un acervo familiar que se transmite de generación en generación; es una mística presente en su labor cotidiana, arraigada en la perennidad de la tradición y en la convicción profunda de la validez y vigencia de los métodos de esta bodega.
La tradición, en el caso de R. López de Heredia, no es entendida como idea alusiva a inmovilismo, estancamiento, oposición al cambio o autocomplacencia, sino como concepto dinámico y estético emanado del mantenimiento de unos valores y criterios que se definen y permanecen a lo largo del tiempo, lejos de modas más o menos pasajeras, y que se evidencian en su quehacer ya centenario.
Sin embargo, esta bodega es consciente de la continua alternancia que marcan las pautas y gustos actuales del consumidor y las innovaciones que se producen en el mundo vitivinícola. Por ello, la apertura al cambio, la flexibilidad en los criterios, el inconformismo y la autocrítica son elementos que les permiten afrontar el futuro con decisión, y fortalecer la creencia, si cabe, en su propio modelo, en su idiosincrasia.
Hacedor de esta idiosincrasia es el legado de sus antecesores, compendio de cualidades y actitudes positivas, y con las cuales se sienten plenamente identificados. Su compromiso actual y de futuro se puede sintetizar en dos lemas que impregnan la trayectoria de López de Heredia: en primer lugar, la profesionalidad, como cualidad para ofrecer al consumidor un producto diferenciado, de calidad suprema, en su faceta de artesanos, viticultores y elaboradores de vino. En segunda posición, la ética, como norma de conducta empresarial y de talante personal, promoviendo el bienestar de todos quienes forman parte de esta Casa; contribuyendo al disfrute de clientes y amigos; aportando honestamente a la sociedad, en definitiva, lo mejor de nuestros sueños y anhelos.
A lo largo de 133 años, las generaciones de los López de Heredia se han consagrado al propósito de conseguir unos vinos excepcionales, obras maestras de artesanía y refinamiento, susceptibles de emular a los más famosos del mundo; un anhelo que el fundador de la bodega, don Rafael López de Heredia y Landeta, definió, en el siglo XIX, como el "Rioja Supremo".
El cuidado de los viñedos, la escrupulosa selección de la uva, la crianza en barricas bordelesas de roble, en el seno de sus profundas galerías subterráneas y el posterior envejecimiento en botellas, dan lugar a estos vinos dotados de la gran delicadeza de matices que componen su excepcional bouquet.

Publicado el 25/02/2010
La crianza del Jerez es cuestión de tiempo y buen hacer. Ambas cosas son bien conocidas por Lustau que, manejando ambas magnitudes con maestría, ha conseguido que sus vinos reciban el aplauso de la crítica mundial y de paso seguir llenando su sala de trofeos de los más prestigiosos galardones internacionales.
La bodega Emilio Lustau, fundada en 1896, lleva dedicada el último cuarto de siglo a la crianza, elaboración y comercialización de vinos, brandies y vinagres de Jerez de la mayor calidad. Esta especialización en el segmento “premium” la ha situado en los mejores restaurantes y vinotecas de los cinco continentes, en los que se ha establecido no sólo gracias a la calidad de sus vinos sino también al reconocimiento mundial cosechado en diferentes concursos internacionales.
Lustau, perteneciente al Grupo Caballero, se precia de ofrecer la gama más amplia de vinos de Jerez y Manzanilla, elaborando más de cuarenta referencias que son criados en las tres ciudades que conforman el marco de esta Denominación de Origen: Jerez de la Frontera, El Puerto de Santa María y Sanlúcar de Barrameda. Para ello cuenta con diferentes gamas, destacando la “Solera Reserva”, compuesta por los vinos criados directamente por Lustau en sus bodegas, y la “Almacenista”, formada por pequeños viticultores independientes cuyos vinos se encarga de comercializar esta bodega.
Desde que nacen las uvas en sus viñas Montegilillo y Las Cruces hasta que sus vinos son embotellados, el proceso es lento y laborioso. Entre medias quedan la vinificación y el paso fundamental, la crianza en bodega mediante el genuino sistema de “solera y criaderas". Éste será el que proporcione a los vinos de Jerez su verdadero carácter y personalidad y le permita ofrecer una calidad estable a lo largo del tiempo.
Lustau centra sus ventas en el segmento HORECA. Por ello, se aparta de los grandes volúmenes de producción para primar la calidad. Su actividad comercial es mayoritariamente exportadora, ya que vende el 85% de su producción en el exterior, destacando el mercado norteamericano por encima del resto. Aunque también Reino Unido, Bélgica y Alemania se encuentran entre sus principales clientes. Pese a ello, en los últimos años ha realizado una apuesta por el mercado español, en cuyas vinotecas y restaurantes de categoría es posible encontrar sus vinos.

Publicado el 28/01/2010
Adega Condes de Albarei, formada por más de 400 familias del valle del Salnés, representa uno de los proyectos más ambiciosos que se gestan en la D.O. Rías Baixas, que ha culminado con la reciente adquisición de Pazo Baión, finca singular de 30 hectáreas que posee el mayor viñedo de la subzona. Este incomparable enclave se convertirá en un referente enoturístico, enológico y social en los próximos años.
Adega Condes de Albarei se encuentra en Cambados, el corazón del Salnés, la subzona de la D.O. Rías Baixas más identificada con la uva Albariño, reina de su cultivo. Esta bodega, (adega en gallego) nació en 1988, coincidiendo con la creación de la Denominación de Origen y como iniciativa de un grupo de entusiastas viticultores del valle del Salnés, que unieron esfuerzos y viñedos para la elaboración y comercialización de albariños de la más alta calidad.
Tan sólo tres años después, la crítica vinícola mundial premió la labor de la bodega otorgando a su Albariño Condes de Albarei la medalla de oro en el Challenge du Vin de Bordeaux, siendo el primer vino blanco español en obtener dicha distinción. Este hecho contribuyó de manera fundamental al conocimiento del vino Albariño en el mundo, y, por lo tanto, a la expansión de no sólo Condes de Albarei, sino de la D.O. Rías Baixas.
Actualmente, la bodega posee más de 200 hectáreas, superando así el tradicional impedimento de la zona, el minifundismo, lo que asegura la suficiente proyección comercial en los mercados interior y exterior, así como la unificación de criterios de producción y calidad.

Publicado el 21/12/2009
Para hablar de los inicios de esta bodega es necesario remontarse a la década de los cincuenta del pasado siglo; desde entonces, esta familia ha sido una de las punteras de la D.O. Ribera del Duero bajo una filosofía que en los últimos años se ha convertido en el emblema de muchas bodegas: reflejar en los vinos la expresión de la tierra y de la planta. Hoy, cuando está a la cabeza la tercera generación de los Sastre, los vinos de Viña Sastre son reconocidos por los profesionales y consumidores tanto dentro como fuera de nuestras fronteras.
El amor a la tierra y a la viña condujo a la familia Sastre a adentrarse hace más de cinco décadas en los entresijos de este mundo inquieto del vino. Severiano Sastre fue el pionero de este gran proyecto y ya en los años cincuenta elaboraba sus primeros vinos en las bodegas subterráneas de La Horra, en el corazón de la Ribera del Duero. Poco a poco, con los beneficios obtenidos, fue comprando más tierras y plantando más vides en sus alrededores. En 1957, junto a un grupo emprendedor de viticultores, participó en la fundación de la cooperativa Virgen de la Asunción. Su hijo, Rafael, continuó con el oficio artesanal y, en el año 1992 decidió materializar el sueño que tenía desde niño: crear su propia bodega.
Rafael Sastre contó desde el principio con el apoyo de su padre y de sus dos hijos: Pedro y Jesús. Pero el camino casi nunca es fácil y la familia sufrió dos grandes pérdidas. En 1998 fallecía Rafael Sastre y, apenas cuatro años después, un accidente de tráfico le arrebataba la vida a Pedro. Desde entonces, Jesús lucha por mantener vivo el sueño familiar con el apoyo incondicional de su cuñada Isabel y de su compañero y amigo, Eugenio Bayón.
Desde entonces y hasta ahora, las premisas no han cambiado. El cuidado de la vid, la atención, el sosiego, el mimo y el silencio en la crianza, constituyen la base de su éxito. Y es que, el secreto está en la uva. La calidad de sus 45 hectáreas de Tempranillo ofrece vinos estructurados, exclusivos y armoniosos cuya elegancia ha sido reconocida por los mejores catadores.
Así, desde el comienzo del proyecto, con el objetivo de reflejar en los vinos la expresión de la tierra y la planta, se realizó un cultivo enteramente tradicional. De esta forma, la calidad de la uva no se ve mermada en ningún momento. Todo el proceso es natural y la teoría llevada a la práctica se traduce en una renuncia expresa a la utilización de todo tipo de abonos minerales, herbicidas, insecticidas, pesticidas así como otros productos químicos inorgánicos. El cuidado de la planta, el método tradicional y los últimos avances tecnológicos han convertido a esta bodega en un referente vitivinícola.

Publicado el 26/11/2009
En Juvé & Camps consideran que el vino de calidad es el reflejo y la expresión de una tierra, un viñedo y una familia y sólo cuando todos estos factores se combinan armoniosamente, el cava alcanza las más altas cotas de calidad. Juvé & Camps es la expresión de una tierra privilegiada, el Penedés, de una dedicación y cuidado al cultivo de la viña, de una historia centenaria que, en tres generaciones, ha conseguido una sólida implantación de su bodega familiar.
En estas tierras privilegiadas para el cultivo de la vid, los Juvé, un apellido de honda raigambre en la comarca del Penedés, llevan siglos dedicándose a la viticultura. El amor a la viña, el trabajo constante para que la uva sea siempre de la máxima calidad, la investigación continua para extraer a la materia prima toda su bondad y armonía, ha sido desde siempre el objetivo supremo de esta familia.
Hace 200 años, en 1796, Joan Juvé Mir, un viticultor emprendedor, pone los cimientos de la saga, que continúa con su hijo, Antoni Juvé Escaiola, y nieto, Joan Juvé Baqués, que fundó la primera bodega de la familia y que casado con Teresa Camps Ferrer lanza su primer vino espumoso en 1921 con la marca ‘Juvé’, elaborado en las cavas subterráneas de la casa pairal, en Sant Sadurní d’Anoia. La solvencia y el rigor profesional se unen a un nombre llamado a ocupar un puesto de honor en la viticultura española.
A principios de los años 40 del pasado siglo, los dos hijos varones del matrimonio, Josep y Joan, asumen la dirección de la bodega, imprimiendo un nuevo impulso a su desarrollo, que se concreta en la construcción de una nueva bodega a las afueras de la población. Años después se acomete una profunda ampliación de las bodegas y cavas subterráneas bajo la gerencia de los dos hermanos, así como la incorporación de importantes adelantos técnicos, que la convierten en pionera en aspectos tan importantes como el control de temperaturas de fermentación, la instalación de prensas neumáticas, etc. A finales de los años 60 los nietos del matrimonio Juvé & Camps aportan savia nueva a la empresa, que ya ha adquirido una sólida reputación y presencia en el mercado del cava.
A principios de los 70 la bodega ya ha conseguido prestigio y gana mercado continuamente. Sus cavas se exportan a los principales países consumidores como Reino Unido, EE.UU.y Alemania, entre otros.
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