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30/03/2010
En R. López de Heredia, el proceso de elaboración de vinos es un acervo familiar que se transmite de generación en generación; es una mística presente en su labor cotidiana, arraigada en la perennidad de la tradición y en la convicción profunda de la validez y vigencia de los métodos de esta bodega.
La tradición, en el caso de R. López de Heredia, no es entendida como idea alusiva a inmovilismo, estancamiento, oposición al cambio o autocomplacencia, sino como concepto dinámico y estético emanado del mantenimiento de unos valores y criterios que se definen y permanecen a lo largo del tiempo, lejos de modas más o menos pasajeras, y que se evidencian en su quehacer ya centenario.
Sin embargo, esta bodega es consciente de la continua alternancia que marcan las pautas y gustos actuales del consumidor y las innovaciones que se producen en el mundo vitivinícola. Por ello, la apertura al cambio, la flexibilidad en los criterios, el inconformismo y la autocrítica son elementos que les permiten afrontar el futuro con decisión, y fortalecer la creencia, si cabe, en su propio modelo, en su idiosincrasia.
Hacedor de esta idiosincrasia es el legado de sus antecesores, compendio de cualidades y actitudes positivas, y con las cuales se sienten plenamente identificados. Su compromiso actual y de futuro se puede sintetizar en dos lemas que impregnan la trayectoria de López de Heredia: en primer lugar, la profesionalidad, como cualidad para ofrecer al consumidor un producto diferenciado, de calidad suprema, en su faceta de artesanos, viticultores y elaboradores de vino. En segunda posición, la ética, como norma de conducta empresarial y de talante personal, promoviendo el bienestar de todos quienes forman parte de esta Casa; contribuyendo al disfrute de clientes y amigos; aportando honestamente a la sociedad, en definitiva, lo mejor de nuestros sueños y anhelos.
A lo largo de 133 años, las generaciones de los López de Heredia se han consagrado al propósito de conseguir unos vinos excepcionales, obras maestras de artesanía y refinamiento, susceptibles de emular a los más famosos del mundo; un anhelo que el fundador de la bodega, don Rafael López de Heredia y Landeta, definió, en el siglo XIX, como el "Rioja Supremo".
El cuidado de los viñedos, la escrupulosa selección de la uva, la crianza en barricas bordelesas de roble, en el seno de sus profundas galerías subterráneas y el posterior envejecimiento en botellas, dan lugar a estos vinos dotados de la gran delicadeza de matices que componen su excepcional bouquet.