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21/12/2009
Para hablar de los inicios de esta bodega es necesario remontarse a la década de los cincuenta del pasado siglo; desde entonces, esta familia ha sido una de las punteras de la D.O. Ribera del Duero bajo una filosofía que en los últimos años se ha convertido en el emblema de muchas bodegas: reflejar en los vinos la expresión de la tierra y de la planta. Hoy, cuando está a la cabeza la tercera generación de los Sastre, los vinos de Viña Sastre son reconocidos por los profesionales y consumidores tanto dentro como fuera de nuestras fronteras.
El amor a la tierra y a la viña condujo a la familia Sastre a adentrarse hace más de cinco décadas en los entresijos de este mundo inquieto del vino. Severiano Sastre fue el pionero de este gran proyecto y ya en los años cincuenta elaboraba sus primeros vinos en las bodegas subterráneas de La Horra, en el corazón de la Ribera del Duero. Poco a poco, con los beneficios obtenidos, fue comprando más tierras y plantando más vides en sus alrededores. En 1957, junto a un grupo emprendedor de viticultores, participó en la fundación de la cooperativa Virgen de la Asunción. Su hijo, Rafael, continuó con el oficio artesanal y, en el año 1992 decidió materializar el sueño que tenía desde niño: crear su propia bodega.
Rafael Sastre contó desde el principio con el apoyo de su padre y de sus dos hijos: Pedro y Jesús. Pero el camino casi nunca es fácil y la familia sufrió dos grandes pérdidas. En 1998 fallecía Rafael Sastre y, apenas cuatro años después, un accidente de tráfico le arrebataba la vida a Pedro. Desde entonces, Jesús lucha por mantener vivo el sueño familiar con el apoyo incondicional de su cuñada Isabel y de su compañero y amigo, Eugenio Bayón.
Desde entonces y hasta ahora, las premisas no han cambiado. El cuidado de la vid, la atención, el sosiego, el mimo y el silencio en la crianza, constituyen la base de su éxito. Y es que, el secreto está en la uva. La calidad de sus 45 hectáreas de Tempranillo ofrece vinos estructurados, exclusivos y armoniosos cuya elegancia ha sido reconocida por los mejores catadores.
Así, desde el comienzo del proyecto, con el objetivo de reflejar en los vinos la expresión de la tierra y la planta, se realizó un cultivo enteramente tradicional. De esta forma, la calidad de la uva no se ve mermada en ningún momento. Todo el proceso es natural y la teoría llevada a la práctica se traduce en una renuncia expresa a la utilización de todo tipo de abonos minerales, herbicidas, insecticidas, pesticidas así como otros productos químicos inorgánicos. El cuidado de la planta, el método tradicional y los últimos avances tecnológicos han convertido a esta bodega en un referente vitivinícola.