Los vinos españoles han logrado un total de 198 medallas en la última edición del Challenge International du Vin repartidas entre 36 Medallas de Oro, 55 Medallas de Plata y 107 Medallas de Bronce. Este certamen es uno de los más prestigiosos a nivel mundial y el más importante de Francia. Cada año, en el marco de una organización de gran profesionalidad, cerca de 1.000 expertos catadores juzgan a ciegas más de 5.000 vinos procedentes de unos cuarenta países.
De las 235 Medallas de Oro que se han repartido en este concurso, ocho han sido para vinos de la D.O.Ca. Rioja, media docena para vinos de la D.O. Navarra, cuatro para vinos de la D.O. Rueda, otras cuatro para vinos de la D.O. Ribera del Duero y tres para vinos de la D.O. Jerez y Manzanilla de Sanlúcar. Con un galardón por denominación se encuentran vinos de Valle de Güímar, Valle de la Orotava, Valencia, Cava, Ycoden-Daute-Isora, La Mancha, Tarragona, Jumilla y Utiel-Requena. Además, idéntico trofeo han obtenido un Vino de la Tierra Ribera del Gállego y un Vino de la Tierra de Castilla.
Por otro lado, se han otorgado 378 Medallas de Plata, de las cuales 55 han sido para vinos españoles, y 733 Medallas de Bronce, 107 para vinos procedentes de nuestro país.
Parte de la importancia y del reconocimiento de este Concurso reside en su método de cata. El día del certamen, los jurados se colocan en salas tabicadas bajo la vigilancia de dos comisarios por sala que velan por el correcto desarrollo de la cata, que se efectúa a ciegas, en dos series de una docena de vinos, separados por una pausa. Las fichas de cata de los vinos son precisas y específicas. Todo ello garantiza una selección de vinos de gran valor. Cuando se termina una serie de vinos, el presidente del jurado recoge todos los comentarios de cata de su mesa y establece la síntesis en una ficha prevista a tal efecto. Esta ficha servirá para establecer el palmarés.
Cada año participan entre 800 y 1.000 catadores y sólo entre un 25% y un 30% de los vinos que se presentan obtienen premio. Además, la función del Challenge International du Vin no se limita a otorgar premios. Posteriormente, los productos premiados se someten a un control analítico en el laboratorio. Una forma sencilla y eficaz de comprobar que las características del vino presentado al concurso se corresponden con la del conjunto de la producción.
Para el productor, colocar la medalla del Challenge en sus botellas supone dar un valor añadido a los productos. En los lineales de la gran distribución, esta medalla sirve de referencia al comprador, ya sea consumidor o profesional del negocio.