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Vinos que proceden de un área geográfica privilegiada, situada entre la meseta y el Mediterráneo, que se extiende por 50 municipios de la provincia de Alicante, que aglutinan 14.300 hectáreas registradas, y en el que se diferencian dos zonas: el interior, en el entorno de la capital y la cuenca alta y meda del Vinalopó y en la comarca de la Marina Alta, al norte junto al mar.
El papel que juega el clima mediterráneo en el desarrollo de la vid de la D.O. Alicante es decisivo. Factores como la elevada temperatura media (entre 13º y 18º, alcanzando en verano máximas entre 30º y 40º), la escasez de lluvias (entre 300 y 500 mm/año), el alto número de horas de insolación (2.500 horas de sol despejado al año), y la menor altitud sobre el nivel del mar determinan la diferenciación de estos vinos. En las comarcas del interior el clima mediterráneo recibe influencias continentales por su proximidad a la Meseta, mientras que la zona de la Marina Alta constituye en microclima marítimo que se ve favorecido por la brisa marina.
En cuanto al suelo, posee un elevado nivel de caliza, nula o casi nula acumulación de arcilla y escaso nivel orgánico, destacando la riqueza de minerales. Estos factores edafológicos propician el cultivo de la vid y la obtención de vinos de calidad.
Respecto a las variedades autorizadas, el tiempo y la experiencia de los viticultores y elaboradores ha dado lugar a una selección natural de aquellas castas que han demostrado mejores cualidades para la adaptación a la climatología y suelo alicantinos. Fruto de este proceso, que se puede denominar histórico, conviven en perfecta armonía Chardonnay, Macabeo, Merseguera, Moscatel de Alejandría, Sauvignon Blanc, Planta Fina y Verdil, entre las blancas, y Garnacha Tinta, Garnacha Tintorera, Monastrell, Tempranillo, Bobal, Cabernet Sauvignon, Merlot, Pinot Noir y Syrah, siendo la Monastrell la que da personalidad a la zona y a la que pertenece el 66% del viñedo.
Por todo ello, esta tierra ofrece unos sugestivos vinos blancos, rosados o tintos, sean jóvenes o con crianza, que sorprenden y deleitan a los paladares más exigentes por su calidad, su equilibrio, su aroma y la intensidad de su sabor y color. Sin olvidar el Moscatel de Alicante o el Fondillón.
Los vinos jóvenes, gracias a los métodos de elaboración y a la selección de uvas, destacan por su frescura, su carácter afrutado y sus aromas florales, siendo fiel reflejo de la tipicidad de las cepas y de los sabores de las uvas. Los crianzas y reservas, elaborados a partir de variedades tradicionales o de ensamblados con castas foráneas, representan el triunfo de la diversidad y la imaginación, dando lugar a vinos con un marcado carácter mediterráneo donde los matices de madera adquiridos se unen en armonioso equilibrio con los sabores primarios de la fruta.
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