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31/03/2008
   
Ribera del Guadiana: Extremadura se pone al día

La D.O. Ribera del Guadiana atesora una fuerte tradición histórica en cuanto al cultivo de la vid. En la actualidad, esta denominación extremeña, regada por el río Guadiana, del que toma el nombre, está realizando un importante esfuerzo por permanecer al día tanto en técnicas vitivinícolas como en estrategias comerciales, con el fin de situar a sus vinos en el puesto que por su calidad se merecen en el mercado, tanto nacional como internacional.

Recordar la antigua viticultura de Extremadura es rememorar a sus primitivos habitantes, los pueblos celtas y lusitanos, pero sin duda fue la civilización romana la que hizo prácticamente nacer y prosperar la viticultura. La gran población que albergaba Emérita Augusta y la gran población flotante que llegaba y discurría por las calzadas romanas que la unían con el resto de la península, daban lugar a un florecimiento y auge del consumo.

Los vestigios arqueológicos más antiguos relacionados con el vino en Extremadura son la Kylix de Medellín, una copa de labio del siglo VI a.C., que hace inferir el uso del vino en los banquetes funerarios. En cuanto a representaciones, una de los más importantes es el mosaico de Augusta Emérita, fechado en el siglo III d.C., hallado en la Casa del Anfiteatro, y en cuya parte central tres personas pisan uva entre zarcillos de vid.

Durante el Medioevo se fundó la ciudad de Plasencia, a la que el rey Alfonso VIII concedió sus propios estatutos jurídicos o fueros, muchos de los cuales giraban en torno al vino, lo que pone de manifiesto la importancia económica del cultivo de la vid en la zona en esa época.

El primer escrito referente a los vinos de esta zona data del año 1573 y es un manuscrito sobre los vinos que el rey Carlos I conoció durante su estancia en Yuste. Y durante el siglo siguiente, fue relativamente importante la expansión del viñedo extremeño.

Este auge se vio truncado durante la segunda mitad del siglo XIX, época en que el viñedo, como sucedió en otras regiones, se vio afectado por problemas parasitarios como el oidio (1845), la filoxera (1868) y el mildiu (1878).

No fue hasta pasada la Guerra Civil, en 1939, cuando los viticultores emprendieron las replantaciones. Superados los difíciles años posteriores, la viticultura extremeña se encaminó de forma significativa hacia las nuevas tendencias de consumo. Los productores, bien informados acerca de las realidades económicas, orientaron sus cultivos e industrias, con criterios selectivos, hacia unas viticultura y enología modernas. Filosofía que aún pervive en la actualidad.

Los vinos de Extremadura consiguieron su sello de identidad y calidad en 1999, año en que el Ministerio de Agricultura Pesca y Alimentación ratificó el Reglamento de Consejo Regulador. De esta forma, con la D.O. Ribera del Guadiana, se reconocía la labor bien hecha y la vocación natural de la tierra extremeña.

En la actualidad, Extremadura esta inmersa en el desarrollo de los planes de reconversión del viñedo dirigido hacia variedades tintas, que deberán ser, como mínimo, el 80% del total de los proyectos que se presenten. Paralela a esta reestructuración del viñedo, las bodegas han realizado una importante adaptación tecnológica acorde con a los principios de la enología moderna, lo cual ha supuesto un enorme esfuerzo inversor.

Las variedades mas extendidas son la Tempranillo, que acapara aproximadamente el 95% de la producción en variedades tintas, y la blanca autóctona Pardina, aunque también se cultivan la blanca Borba y Garnacha Tintorera.





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