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Zona vinícola
30/09/2007
   
Montilla-Moriles: Tradición y calidad como señas de identidad

En el marco Montilla-Moriles tradición y modernidad se conjugan para obtener caldos de una calidad inigualable que cada día son más apreciados dentro y fuera de nuestras fronteras.

La crianza de vino en la provincia de Córdoba se remonta, según los restos arqueológicos encontrados, al siglo VIII o IX a. de C. De la actividad vinícola desarrollada hasta hoy quedan numerosos vestigios arqueológicos y documentales, así como menciones literarias que dan idea de la importancia de este cultivo, una de las más importantes señas de identidad del pueblo cordobés, a lo largo de los siglos.

La denominación completa, Montilla-Moriles , empezó a sonar a partir de 1891 aunque no fue hasta 1932 cuando los nombres de estas dos localidades cordobesas quedan unidos y amparados legalmente para ser usados en exclusiva por los elaboradores y criadores de los 17 pueblos ubicados en la zona de producción y crianza, que ocupa buena parte del Sur de la provincia cordobesa.

La Guerra Civil y algunos problemas burocráticos retrasaron la fundación del Consejo Regulador, que no se hizo efectiva hasta diciembre de 1944. Desde entonces, la producción vinícola cordobesa ha sufrido oscilaciones y en la actualidad comienza a recuperarse de una grave crisis gracias, en parte, al auge de su joya indiscutible, el dulce Pedro Ximénez.

De hecho, este vino, elaborado con la variedad de uva del mismo nombre y cuya producción ha ido incrementándose en los últimos años hasta los 40.000 hectolitros de la pasada campaña (10.000 más que en la 2005/06), es la locomotora de la recuperación del sector vinícola cordobés, que mantiene, sin embargo, su larga tradición de vinos generosos: finos, amontillados, palo cortado, oloroso y moscatel.

A estos tipos de vino, elaborados a partir de las variedades de uva Baladí-Verdejo, Lairen, Moscatel y Torrontes, se ha añadido la producción de vinos jóvenes, pale cream, pale dry, cream y medium y, más recientemente, tintos, amparados en los planes de reestructuración de la zona (Vinos de la Tierra de Córdoba).

Para la presente campaña se espera una leve reducción de la producción de uva, que en la anterior fue de 46 millones de kilos, debido a la plaga de conejos sufrida en los dos últimos años. Asimismo, se espera un descenso en producción de mosto, que el año pasado se situó en 304.300 hectolitros.

En cuanto a la comercialización, el C.R.D.O. Montilla-Moriles calificó en la campaña 2006/07 un total de 244.442 hectolitros de vino procedentes de las 91 bodegas del marco, el 70% del mismo producido por cooperativas.

Las bodegas destinaron 22 millones de litros para comercialización nacional, mientras que para ventas en el exterior se destinaron cerca de 3 millones de litros. Holanda, junto a Reino Unido y Bélgica son los principales destinatarios de los vinos cordobeses en la Europa comunitaria, si bien el marco exporta a buena parte de Europa del Este, América e incluso Oceanía. Precisamente América del Norte es uno de los mercados más fieles de los caldos cordobeses, al que se destinan más de 120.000 litros anuales desde el año 2000.

Más de la mitad del vino exportado es medium y blanco con crianza, seguido por el pale cream y, en aumento, el PX, que en el mercado nacional es el segundo más consumido tras el blanco con crianza/fino.

La singularidad de los caldos de esta denominación nace de la extraordinaria conjunción de varios factores, empezando por el suelo y el clima y culminando con los sistema de crianza biológica o bajo velo de flor y oxidativa que convierte a los vinos finos cordobeses en los únicos del mundo que pueden presumir de ser totalmente naturales, sin ningún tipo de añadido y con una graduación alcohólica natural.

 





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