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Daniel Gómez Jiménez-Landi es el joven enólogo que está a cargo de los vinos de la bodega familiar Jiménez-Landi, perteneciente a la D.O. Méntrida. Su empeño: mantener la expresión de las viñas de esta denominación, sobre todo de las Garnachas viejas situadas a una altitud de entre 700 y 850 metros. Sus creaciones: ‘Sotorrondero’ y ‘Piélago’, unos vinos frescos, elegantes y minerales que muy pocos asociarían con esta denominación. Su filosofía: trabajar el viñedo ecológico y con las armas de la biodinámica. El éxito no ha tardado en llegar y ambos vinos han pasado de los 90 puntos en la última edición de The Wine Advocate.
Daniel es licenciado en Humanidades y Filosofía, quizás esto podría hacer pensar que su vocación enológica es tardía. Nada más lejos de la realidad. Este enólogo ya vendimiaba las fincas familiares situadas en la D.O. Méntrida junto con su primo, José Benavides Jiménez-Landi, actual gerente de la bodega, cuando ambos eran adolescentes. Por entonces, en la mente de los dos ya rondaba la idea de hacerse cargo de la bodega cuando terminaran sus estudios universitarios, lo que sucedió en 2004, año en el que rehabilitan las instalaciones compran maquinaria nueva y se ponen al frente de la bodega. “Trabajar en el campo desde pequeño es duro y llega un punto en que o terminas odiándolo o te apasionas. Yo me apasioné”, afirma el enólogo.
En 2005, Daniel realiza el master en Enología y Viticultura de la Universidad Politécnica de Madrid y comienza a compaginar viajes a Francia, sobre todo a la zona de Borgoña y Ródano, y a España, fundamentalmente al Bierzo, donde conoce al peculiar enólogo Raúl Pérez en Castro Ventosa. Esta afición viajera del enólogo manchego persiste en la actualidad. “Creo que una de las cosas básicas de un viticultor es hacer constantes viajes y catar lo que hacen los demás. A veces estás tan metido en lo tuyo que los árboles no te dejan ver el bosque y es necesario tomar perspectiva”, explica.
En Bodegas Jiménez-Landi están absolutamente convencidos de que la naturaleza ofrece sus mejores dones cuando se cultiva con respeto, “lo que nos lleva a realizar, en las 27 hectáreas que tenemos en propiedad, una agricultura ecológica y a iniciarnos en las prácticas biodinámicas. En nuestras viñas nunca se ha echado nada, sólo se han tratado con azufre”, justifica Daniel que considera ésta la mejor manera de que sus vinos reflejen el clima, el suelo y la variedad con la que están elaborados.
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