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Guillermo Díez Rodríguez sintió curiosidad por el mundo del vino desde pequeño, cuando observaba a su abuelo elaborarlo en una pequeña bodega subterránea antigua, con barricas viejas. Con el tiempo ha llegado a ser el artífice de una gama de vinos de la D.O. Toro muy reconocida a nivel internacional, éxito que también se debe a su labor comercial fuera de nuestras fronteras, ya que ha recorrido el mundo mostrando las excelencias de sus Carodorum.
“Me he criado entre cepas y he visto crecer y madurar sus uvas desde pequeño. Mis padres tienen viñedos y los hemos cuidado siempre”, comenta Guillermo Díez al que el afán de querer probar y elaborar vinos en su tierra le llevó a ser, con tan sólo 19 años, el enólogo más joven de la D.O. Toro. “En esos primeros vinos, de los que aún conservo alguna botella, buscaba la peculiaridad, aunque se asemejaban a los que entonces se hacían en la zona”, explica remontándose al año 2003, su primera añada, de la que tan sólo elaboró 2.000 kilos de uva.
Fue en ese año cuando la familia decide fundar la bodega Carmen Rodríguez Méndez, tomando el nombre de su madre. “Comenzamos en una nave de unos 200 metros cuadrados. Era una bodega acogedora en la que disponíamos de toda la tecnología de una gran bodega, que adoptamos a nuestro tamaño. Con depósitos de 3.000 litros de acero inoxidable y 40 barricas de roble francés de diferentes tonelerías” recuerda Díez.
Dos años más tarde, cuando aún estaba estudiando, Guillermo elaboró sus primeros 8.500 kilos de uvas de los cuales nació Carodorum, una traducción latina que significa ‘esperanza dorada’. “Hice tan sólo 1.300 botellas de un vino de 9 meses en roble francés. El resultado fue estupendo, el vino impresionaba por su singularidad, era un Toro domado, redondo, fácil de beber pero con la estructura, cuerpo y color que caracteriza los vinos de esta zona”, argumenta el enólogo. En 2006 la familia amplía la bodega hasta los 500 metros cuadrados. “Sigo teniendo mis depósitos de 3.000 litros pero cuento con unas instalaciones mejores aunque considero que el secreto de un gran vino está en las uvas y en las manos que las cuidan”.
Durante los siguientes años, Guillermo Díez continuó investigando con diferentes maderas y tonelerías para obtener mayor personalidad en sus vinos y también comenzó a dar a conocer su vino en el extranjero. “La añada 2004 fue la primera que presentamos al prestigioso Robert Parker y, para mi sorpresa, mis vinos fueron reconocidos entre los mejores de Toro. Además, también estoy muy orgulloso de la medalla de Plata que conseguimos aquel año en concurso alemán Mundus Vini. Llevo seis años elaborando mis vinos siempre con el afán de mejorar en cada cosecha.”
Una de las características primordiales de los Carodorum es la viticultura. Todo el viñedo es propiedad de la familia, las uvas, pertenecientes a la variedad Tinta de Toro, se catan para saber cuál es el momento óptimo para vendimiarlas, se recogen en cajas de 15 kilos y se hace una doble selección en la mesa cuando llegan a bodega. Posteriormente, pasan a depósitos de 3.000 litros, aunque cada viñedo se elabora en depósitos individuales.
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