|
La historia de Francisco José Robles Rubio está ligada al mundo del vino y a los Generosos andaluces desde la infancia. Primogénito de la tercera generación de la familia Robles, una de las más representativas de la D.O. Montilla-Moriles, a finales de los 90 realizó una singular apuesta: desarrollar la primera gama del mundo de vinos ecológicos Generosos. El resultado ha sido reconocido por múltiples concursos internacionales, como ha sucedido en las últimas ediciones de Les Vinalies Internationales, y Biofach.
Bodegas Robles, amparada por la D.O. Montilla-Moriles, fue fundada en 1927 por Antonio José Robles, y el año en que nació Francisco José Robles, en 1964, fue cuando su padre, Francisco Robles, toma las riendas de la bodega hasta situarla en el lugar que actualmente ocupa. Pero fue Francisco José quien, a partir de 2000, cuando se hace cargo de la gerencia, comienza a implantar la viticultura ecológica. Su labor no ha podido tener mejores frutos y, sin ir más lejos, su ‘Robles Selección 1927 Pedro Ximénez’ ha conseguido una Medalla de Oro en Les Vinalies Internationales 2008 por tercer año consecutivo y el mismo trofeo en Biofach 2008. Este vino ya obtuvo en la edición de 2007 del concurso ecológico alemán el máximo galardón, la Gran Medalla de Oro, que este año tampoco ha dejado escapar, ya que ha recaído sobre el ‘Piedra Luenga Fino’. Además, otro vino de esta gama, el ‘Pale Cream’ ha conseguido una recomendación en el mayor salón monográfico de vinos elaborados con uvas de cultivo ecológico del mundo celebrado en Nüremberg.
Pero su vocación comenzó mucho antes. “Desde mi infancia recuerdo los viajes que hacían mis padres aprovechando las vacaciones para ir a comercializar los vinos de nuestras bodegas a lo largo y ancho del territorio nacional. Mis tres hermanas y yo aprovechábamos para estar junto a nuestro padre, al que casi nunca veíamos por motivos de trabajo. Ahí fue donde, desde muy pequeño y de forma inconsciente, fui absorbiendo el mundo del vino en aquellas tabernas perdidas situadas en recónditos y maravillosos pueblecitos de la geografía española de los años 70 y 80”, evoca Francisco José quien explica que pasó su infancia en el marco de una gran bodega, “siempre rodeado de garrafas, botellas, botas y todo un mundo especialmente hermoso con sensaciones ligadas al mundo del vino”.
Recuerdos idealizados que continúan en el periodo de su adolescencia, donde los juegos dejan paso al trabajo, ya que en los años 80 Francisco José compaginaba sus estudios con vendimias. “En el lagar aprendí como había que recibir la uva, a diferenciar las variedades (Pedro Ximénez, Airén, Balaí, etc.), cómo había que separar los mostos dependiendo de los años y las maduraciones y cómo hacer los prensados para obtener las mejores calidades, que posteriormente se convetirían en vinos para rociar en las botas de roble americano. En definitiva, fui aprendiendo todo sobre los vinos de forma práctica, al tiempo que mi formación la encaucé hacia el negocio familiar: la bodega, tanto en su vertiente administrativa como enológica”, explica.
De esta manera, cuando finalizó sus estudios se incorporó al departamento de administración y contabilidad de la bodega. Corrían los años 90. “Aunque ya había obtenido una formación específica en Enología, en esos años, aprendía a elaborar los vinos desde segunda fila, es decir, mi dedicación en la bodega se centró mucho más en cuestiones comerciales y contables”, manifiesta Francisco José.
No obstante, el punto de inflexión de Bodegas Robles llegaría entre 1999 y 2000, cuando Francisco José se hizo cargo de la gerencia, comenzando una fase de su vida relacionada plenamente con la actividad agronómica y enológica en la bodega, y tomó una decisión crucial en su destino: desarrollar una gama de vinos ecológicos dentro de su catálogo de referencias.
|