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Para satisfacer estas metas cuentan con 22 hectáreas de Tempranillo, Cabernet Sauvignon y Merlot; viñedo de unos 20 años de edad situado en la zona más al noroeste de la D.O. Navarra, en el valle del Yerri, protegido por las sierras de Urbasa y Andía. En esta zona, se combinan un suelo franco arcilloso, un microclima favorable dentro de un clima continental severo y frío, una buena pluviometría y una altitud de 600 metros, lo que permite obtener una fruta muy sana.
“Nuestra filosofía es simple, para hacer grandes vinos necesitamos obtener la mejor uva posible. Por eso concentramos nuestros esfuerzos durante todo el año en la viña: la poda, la conducción, la poda en verde que sea necesaria. Eso sí, la viña no tiene irrigación, de esta forma conseguimos una expresión mayor del terruño”, explica Alicia quien hace hincapié en que el clima frío del valle del Yerri provoca que la maduración de la uva sea lenta lo cual les permite elaborar vinos tintos con un estilo propio debido a su frescura, equilibrio y buena acidez. Vinos a los que llaman ‘de montaña’ porque son capaces de atrapar la caliza, la piedra, el bosque y las hierbas aromáticas del terreno.
Una vez que se obtiene una fruta de calidad Alicia trabaja con ella de la manera más natural. La bodega es un edificio funcional y contemporáneo de hormigón, para que, de forma natural, se mantenga la temperatura óptima para la elaboración y crianza. En ella se opera mediante gravedad, no se utilizan bombas de remontado sino que se emplea el sistema del bazuqueo (término heredado por Eyaralar del Bierzo) ó inmersión del sombrero para extraer todo el potencial del mosto de forma suave y lenta. De hormigón son también los depósitos en los que reposan los vinos antes de comenzar su crianza en barricas de roble francés de 300 litros que renuevan cada tres ó cuatro años.
“El hormigón presenta unas condiciones de guarda impecables y nos permite obtener de manera natural vinos estables”, aclara la enóloga para seguir defendiendo que, en pos de la tan preservada naturalidad, sus vinos tampoco están clarificados, ni estabilizados en frío y que solamente les hacen un suave mínimo filtrado antes de su embotellado. “Con el vino hay que dar pocos pasos y bien dados, porque cada operación a la que lo sometes acarrea pérdidas, te vas dejando aromas. Además, hay que tratarlo con cuidado, mimarlo, porque está vivo”, justifica Alicia Eyaralar.
Los frutos de todos estos desvelos son dos tintos: ‘Ars Nova’ y ‘Ars Mácula’. Tanto latinismo puede sorprender, pero en esta bodega todo tiene su porqué. Ars Nova significa en latín Arte Nuevo, y es un término utilizado para designar a un movimiento musical del siglo XIV considerado como el nacimiento de la polifonía, lo cual se ha comparado con la llegada de la perspectiva a la pintura, que sucedió en la misma época. Esa es la filosofía de ‘Ars Nova’ nuevos aires.
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