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Asunción Barbadillo es una de las voces más importantes de la nueva D.O. Arlanza. Gerente de la bodega Monte Amán, criada en el mundo vitivinícola de esta zona y marcada por su devenir hoy se siente orgullosa porque se ha hecho realidad uno de sus sueños, el reconocimiento de esta región como Denominación de Origen. No obstante, es consciente de que aún queda mucho por hacer y augura un futuro marcado por el desarrollo del comercio internacional del sector.
Su familia, que no tiene nada que ver con la famosa bodega de Sanlúcar de Barrameda en Cádiz, ha marcado el resurgimiento de la zona de Ribera del Arlanza , a través de Monte Amán, una bodega situada en la localidad burgalesa de Castrillo Solarana, a diez minutos de Lerma, zona donde la tradición en la elaboración de vinos y cultivo de la vid se remonta a la época de los romanos. No en vano esta denominación se encuentra entre dos de las grandes españolas: Rioja y Ribera del Duero.
“Aunque nosotros hemos hecho vino de toda la vida, fue en 1990 cuando comenzó la etapa en la que ahora nos encontramos. Ese fue el año en el que salió a la calle la primera botella con la marca Monte Amán”, explica Asunción. Previamente, en 1985, su padre, Adolfo Barbadillo, había decidido plantar 12 hectáreas de la variedad autóctona de la zona, la Tempranillo, aquí denominada Tinta del País, y realizar la renovación imprescindible de las instalaciones de elaboración y crianza.
“En 1996 me incorporé en el departamento de dirección, gestión y ventas, mientras que mi hermano Juan trabajaba en bodega”, recuerda. “Hoy ya tenemos 30 hectáreas de viñedo, en constante ampliación, y somos una de las bodegas señeras de la zona” asevera orgullosa Asunción Barbadillo.
Con la misma satisfacción la gerente de Monte Amán afirma que para ellos el reconocimiento oficial de la D.O. Arlanza, obtenido el pasado mes de abril, ha significado “hacer realidad un sueño que teníamos: el de que se reconocieran nuestros vinos con una de las máximas menciones de calidad”.
Conseguir este nivel ha sido, además, un desafío personal para los bodegueros que han permanecido en esta zona. “En los años 40 del siglo pasado había en la Ribera del Arlanza 15.000 hectáreas de viñedo, y hoy, a pesar de todos los esfuerzos realizados en los últimos veinte años, tan sólo hay 1.000 hectáreas. La gente emigró de las zonas rurales y el viñedo quedó abandonado. Para los que permanecimos y hemos trabajado, renovado y luchado por esta tierra ha sido un desafío completo, y el conseguir la aprobación de la D.O. representa para muchos la expresión de una satisfacción íntima”, expresa con emoción contenida Asunción Barbadillo.
No obstante, el alcanzar esta mención no va a conllevar grandes cambios de niveles de calidad. “Las bodegas del Arlanza siempre nos hemos sometido a rigurosos controles y hemos usado las técnicas en elaboración y crianza más eficientes y vanguardistas, prácticamente los mismos sistemas a los que obliga la denominación de origen, con el objetivo de ofrecer unos vinos magníficos que descubren las singularidades de esta región”, aclara la gerente.
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